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jueves, 17 de mayo de 2012

Perder(se)

-¿Quién dice que los amores más largos son los mejores?- se decía en voz baja a si misma.
Totalmente absorta trataba de convencerse mientras arrastraba su enorme maleta por el aeropuerto. Una maleta demasiado pesada. Una maleta llena de recuerdos y de despedidas, una tras otra siempre ahogadas en lágrimas y vacío. Demasiados motivos para girarse, girarse, ver su sonrisa y perder(se) un avión.


domingo, 6 de noviembre de 2011

Todos los demás

Tarde lluviosa…
Caminar tranquilo. Lento. Del que a mí me gusta, saboreando cada paso y cada zancada.
Gotas acariciando mis mejillas y deslizándose por mi cuello.
Nariz fría y ojos entrecerrados para evitar las gotas que cuelgan de mi flequillo.
El paraguas en el bolso, está bien ahí.
Voy puntual y pienso
Y lo veo todo claro:
Nada está ni estará nunca claro.
Recordare sus ojos y su sabor a tabaco y Gin tonic.
Recordaré su tacto y su abrazo entre las sábanas.
Tampoco podré olvidar aquel banco.
Su manera de mirar el reloj.
Sus caricias y su falsa modestia.
Aquella manera de bailar.
Miradas de admiración y desprecio.
Sus palabras, nuestro grito
su sonrisa y sus piropos.
Su giño de ojos, su mano a escondidas…
Su gesto inocente y nuestras competiciones
Su cara tras la ventanilla.
Recordare todos y cada uno de esos detalles
Y de algunos me enamorare.
Y entre tanta gente, lo vi todo claro.
Nada estará nunca claro.
Quién sabe si mañana…

(Muchas gracias por estar ahí, al otro lado de la pantalla, celebarando conmigo mi entrada número 100) :)

viernes, 26 de agosto de 2011

La chispa


Caminaba por las calles siempre con las manos abiertas. Ella buscaba ese roce suave y a la vez áspero que fuera capaz de encender la chispa. Acariciaba muros de ladrillo y cemento que solían herirle las manos hasta hacerlas sangrar, pero también chocaba con troncos de árbol tan antiguos que con un suave roce podían ilustrar siglos de historia. Abrigos de pieles o prácticamente deshechos, coches brillantes, barandillas, puertas, ventanales enormes y diminutos… ella sentía a través de las yemas de sus dedos hasta el mas mínimo pensamiento que cruzaba el aire.
Decir que nunca había amado era algo exagerado, ya que ciertas noches de luna llena había rozado la enorme esfera blanca logrando un leve chisporroteo que daba lugar a algunas estrellitas desconocidas para los astrónomos. También el roce con unas cuantas páginas era capaz de hacerla estremecer y de cortarle la respiración… A pesar de sus esfuerzos le costó años de búsqueda encontrar esa mano que con solo acercarse hacía que saltaran chispas. Lo que sucedió, sin embargo, fue aquello que ella ya sospechaba:
El día que encontró la chispa ardió entre las llamas hasta desaparecer.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

-¡Schh! Baja la voz, no quiero que nos oigan.


-No es voz, es aullido, grito, aire, carcajada, orgasmo, sentimiento, amor, dolor, placer, risa, felicidad, ternura, rabia, vacío, éxtasis, acción, VIDA. No puedo callar, está ahí, me quema por dentro, me trepa por la garganta clavándome las uñas para salir, me ahogará si no lo expulso, me oxidará el alma si no vuela libre...

-… está bien, volemos juntos.

jueves, 25 de marzo de 2010

Tormentas nocturnas

Cada noche la misma rutina. Le encantaba quitarse los calcetines despacio. Los desenrollaba con el otro pie, del talón hasta la punta de los dedos, y los catapultaba haciéndolos rebotar en la puerta de su armario, todo sin usar las manos. Después movía los dedos recién liberados como una niña pequeña, le gustaba comprobar que seguían ahí, en forma. Luego, con el pijama ya puesto, se metía entre las suaves sábanas y recordaba su infancia, hacía veinte años que utilizaba las mismas sábanas de corazoncitos y arcoíris de colores.
Una vez dentro cerraba los ojos y metía una mano bajo la almohada con delicadeza. Entonces su imaginación comenzaba a volar y notaba como una brisa templaba su cuello y revolvía sus cabellos mientras un regusto salado se iba adueñando de su boca. La espuma de su colchón se endurecía hasta transformarse un una pequeña balsa fijada con gruesas cuerdas y el vaso de su mesilla de noche comenzaba a desbordarse. El agua goteaba en la alfombra y terminaba por inundar toda la habitación. Del mismo vaso salían también nubes y peces y en pocos segundos Clara se encontraba en medio de una tempestad marina. Ella no tenía miedo, su cuerpo, salpicado por el fuerte oleaje descansaba sobre los maderos que componían la balsa y que chirriaban con cada nueva envestida de la marea. Se levantaba y miraba al oscuro horizonte, estaba tranquila. Un roce conocido la hacía girarse, y se encontraba con la mirada ardiente de… de él, de su capitán. Se acercaban seguros, se besaban, se tumbaban y se enrollaban entre las sábanas. Entonces el agua, la tormenta, y la balsa desaparecían y quedaban sólos ellos, sus viejas sábanas de corazones y sus ganas de navegar.

-¿Sabes una cosa?
-Dime Clara - sonreía mientras le acariciaba el pelo desordenado.
-Sabes a mar, a aventura y a mar.




Navegar sin temor
en el mar es lo mejor,
no hay razón de ponerse a temblar.
Y si viene negra tempestad
reír y ramar y cantar.