
Hacía mucho que no escribía pero, de repente, lo he necesitado. He necesitado sentirme libre para improvisar. Quiero deshacerme de normas. Hacer volar mis palabras al ritmo de mi corazón y no del tic-tac de mi reloj.
Estoy cansada de responsabilidades, de horarios, de rutinas, de costumbres y de prisas. A veces, cuando parece que has conseguido terminar con tanta norma y formalidad te das cuenta de que no. Parecía el final, pero es sólo un cambio de norma.
Quiero quitarme el reloj y esconderlo en el fondo de un cajón donde no pueda oírlo. Cuando mi respiración tenga un ritmo original y no el del minutero, entonces, apagaré el móvil, no, mejor; lo estamparé contra la pared hasta hacerlo sangrar. Además me vestiré de colores y daré muchas volteretas, hace siglos que no doy una voltereta. Usaré palabras esdrújulas y nunca, nunca, nunca aguantaré la risa. Andaré por la calle despacio y sonriendo. Me gusta hacer las cosas despacio, saboreándolas y disfrutándolas, como si fueran la última y la primera vez al mismo tiempo.
Estoy cansada de dar explicaciones, de aparentar, de sonreír cuando no tengo ganas, de sentirme culpable, de ser un personaje en lugar de una persona y de discutir, sobretodo de discutir, quiero gritar de alegría y no de rabia y quiero llorar de ilusión pero no de angustia.
No quiero que nadie me juzgue, me examine o me evalúe. Quiero actuar por instinto, por placer y por simpatía y no porque es lo que TENGO que hacer.
En definitiva; quiero pensar en el ahora y no en el futuro. Fuera notas, exámenes, líos, carreras, horarios, discusiones… quiero aire y Sol.
El tiempo pasa, pasa tú de él.