-¿Quién dice que los amores más largos son los mejores?- se decía en voz baja a si misma.
Totalmente absorta trataba de convencerse mientras arrastraba su enorme maleta por el aeropuerto. Una maleta demasiado pesada. Una maleta llena de recuerdos y de despedidas, una tras otra siempre ahogadas en lágrimas y vacío. Demasiados motivos para girarse, girarse, ver su sonrisa y perder(se) un avión.
Mostrando entradas con la etiqueta NUBES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta NUBES. Mostrar todas las entradas
jueves, 17 de mayo de 2012
Perder(se)
Un susurro sobre:
amor,
besos robados,
Despedidas,
NUBES
sábado, 2 de julio de 2011
Volar
Lo más difícil no fue aprender a volar sino darse cuenta de que no podría sobrevivir para siempre en el aire. Tras un duro aterrizaje sobre un sauce llorón quedo gravemente herida en una de sus alas.Entre ramas, troncos y un sin fin de hojas secas quedó completamente perdida y desorientada obligada a vagar por los bosques de la tierra sin rumbo. Sólo le consolaba saber que una pequeña parte de su ser seguía en el aire, haciendo volteretas entre las nubes y vigilando desde arriba que no callera desde ningún precipicio.
Un susurro sobre:
mi cabeza y mis sueños,
NUBES
miércoles, 22 de junio de 2011
EL verano tropezó y calló la gran tormenta.
El calor es agobiante y húmedo hasta el viento es como un aliento irrespirable que te rodea y no te deja abrir los pulmones. Llevamos tres días así. El Sol hace arder las barandillas, derrite el volante del coche, el sillín de la bici y hasta los arboles parecen mas susceptibles en estos días.
Pero esta noche algo ha cambiado, hace ya un rato que el cielo flashea como si millones de turistas japoneses la admirasen a una todos a la vez con sus pequeñas cámaras de fotos. De repente, una gota sobre el hombro, diez metros para llegar a casa y casi apetece ralentizar el paso para mojarse. Empaparse de vida, de energía de esa que chupa el asfalto hirviente de la calzada. Cuando llevar un paso más lento sería igual a quedarme clavada en medio de la acera no me queda otro remedio que entrar en casa.
Una vez en mi cuarto enciendo mi pequeña ventana al mundo (la que tiene fondo de pantalla y el simbolito de Tuenti) y abro la grande (la que tiene cortinas y persianas). En cuestión de segundos tengo varias conversaciones abiertas y millones de gotas empapando los papeles de encima de mi mesa.
Pierdo el hilo de las charlitas y me concentro en un honorable caballero tripón que corretea bajo la lluvia con una bolsa de plástico en la cabeza y un paraguas del revés en la mano (siempre he pensado que en esta ciudad más vale una bolsa que un paraguas, sobre todo en caso de haberse hecho al permanente hace poco).
De repente se abren las nubes, el cielo grita, aúlla, cruje y se rompe, se raja; como diría el gran sabio Obélix: cae sobre nuestras cabezas. Día, noche, noche día: los rayos, relámpagos y retruécanos iluminan el cielo a su antojo.
Y como una sacudida el agua ahoga los rayos y las penas en esta noche, la primera noche del verano.
Pero esta noche algo ha cambiado, hace ya un rato que el cielo flashea como si millones de turistas japoneses la admirasen a una todos a la vez con sus pequeñas cámaras de fotos. De repente, una gota sobre el hombro, diez metros para llegar a casa y casi apetece ralentizar el paso para mojarse. Empaparse de vida, de energía de esa que chupa el asfalto hirviente de la calzada. Cuando llevar un paso más lento sería igual a quedarme clavada en medio de la acera no me queda otro remedio que entrar en casa.
Una vez en mi cuarto enciendo mi pequeña ventana al mundo (la que tiene fondo de pantalla y el simbolito de Tuenti) y abro la grande (la que tiene cortinas y persianas). En cuestión de segundos tengo varias conversaciones abiertas y millones de gotas empapando los papeles de encima de mi mesa.
Pierdo el hilo de las charlitas y me concentro en un honorable caballero tripón que corretea bajo la lluvia con una bolsa de plástico en la cabeza y un paraguas del revés en la mano (siempre he pensado que en esta ciudad más vale una bolsa que un paraguas, sobre todo en caso de haberse hecho al permanente hace poco).
De repente se abren las nubes, el cielo grita, aúlla, cruje y se rompe, se raja; como diría el gran sabio Obélix: cae sobre nuestras cabezas. Día, noche, noche día: los rayos, relámpagos y retruécanos iluminan el cielo a su antojo.
Y como una sacudida el agua ahoga los rayos y las penas en esta noche, la primera noche del verano.
Un susurro sobre:
lluvia,
mi cabeza y mis sueños,
NUBES
sábado, 24 de abril de 2010
Mi paraguas.
Nos encantaba tumbarnos en aquel prado a pasar la tarde; nos distraíamos charlando o adivinando la forma de las nubes. A veces simplemente nos dábamos la mano y sonreíamos mientras en el cielo feroces dragones y valientes héroes y heroínas luchaban en duelos a muerte… Casas, corazones, castillos, caras burlonas o amenazadoras y millones de sueños desfilaban ante nuestra mirada curiosa durante largas y apacibles horas.
Un soleado día de verano, mientras la cara de una malvada bruja con nariz puntiaguda se transformaba en un redondeado cerdito alado, las nubes comenzaron a oscurecer. Se fueron desplazando hasta juntarse justo por encima de nosotros, como si fuera una reunión de algodones de azúcar. En pocos segundos una enrome tormenta de cuentos se había desencadenado sobre nuestras cabezas. Millones de palabras, letras y frases se precipitaban velozmente desde el cielo empapándonos de historias, historias que nosotros mismos habíamos inventado.
Yo saqué inmediatamente mi paraguas del bolso; lo llevo siempre que no llueve; cosas del destino… lo coloqué boca-abajo sobre el brillante césped y en cosa de un instante estaba colmado de aventuras y romanticismos de cuento, que al plegarlo quedaron allí guardadas. Ahora cuando llueve siempre saco mi paraguas y me dedico a leer historias increíbles de nubes cuentacuentos.
Un soleado día de verano, mientras la cara de una malvada bruja con nariz puntiaguda se transformaba en un redondeado cerdito alado, las nubes comenzaron a oscurecer. Se fueron desplazando hasta juntarse justo por encima de nosotros, como si fuera una reunión de algodones de azúcar. En pocos segundos una enrome tormenta de cuentos se había desencadenado sobre nuestras cabezas. Millones de palabras, letras y frases se precipitaban velozmente desde el cielo empapándonos de historias, historias que nosotros mismos habíamos inventado.
Yo saqué inmediatamente mi paraguas del bolso; lo llevo siempre que no llueve; cosas del destino… lo coloqué boca-abajo sobre el brillante césped y en cosa de un instante estaba colmado de aventuras y romanticismos de cuento, que al plegarlo quedaron allí guardadas. Ahora cuando llueve siempre saco mi paraguas y me dedico a leer historias increíbles de nubes cuentacuentos.
Un susurro sobre:
cuentos chinos,
lluvia,
NUBES
domingo, 28 de marzo de 2010
Valentín
Nunca olvidaré la primera vez que vi a Valentín, iba dando saltos de nube en nube. Yo estaba en clase de Matemáticas y como siempre miraba por la ventana distraída, soñando con volar e imaginando el tacto que tienen realmente las nubes, ya sé que son de vapor de agua pero yo estoy convencida de que saben a algodón de azúcar. Estaba muy concentrada en una nube con forma de paraguas cuando de repente un enanito verde salió de la nube de al lado y se catapultó con sorprendente fuerza hasta mi recién bautizada nube-paraguas. Iba muy rápido, como si llegase tarde a alguna parte, a pesar de mi insistencia nunca me ha contado ha donde iba realmente el día que nos conocimos.
Era un día nublado y las nubes estaban bajas, Valentín botaba y saltaba entre estratos y cirros sin caerse, iba realmente concentrado, ya que según me ha comentado años después es dificilísimo mantener el equilibrio. Ese día Valentín iba con un curiosos esmoquin rosa hecho a medida, yo creo que no le dio tiempo de cambiarse, normalmente cuando nos vemos él va siempre con su viejo pijama de rayas de colores.
En cuanto salí del colegio cogí mi bicicleta y pedaleé con fuerza hasta llegar al antiguo cementerio del pueblo. Allí hay una enorme sequoia, desde dónde se ve toda la comarca. Trepé por su enraizado tronco hasta la última y más elevada rama y desde allí pude tocar el extremo de una minúscula nube con forma de escalera… Entonces como si lo hubiera hecho toda la vida adelante un pie hacia la nube y sentí una superficie esponjosa bajo mi zapatilla. Sonriente y tranquila fui ascendiendo por esa nube-escalera hasta que llegué a otra, plana y blanca como la nieve. Allí tumbado tranquilamente al Sol me esperaba Valentín con su traje y una gran sonrisa en la cara. Yo creo que a quien iba a ver con tanta prisa era a mi, aunque se que es demasiado orgulloso para admitirlo.

Era un día nublado y las nubes estaban bajas, Valentín botaba y saltaba entre estratos y cirros sin caerse, iba realmente concentrado, ya que según me ha comentado años después es dificilísimo mantener el equilibrio. Ese día Valentín iba con un curiosos esmoquin rosa hecho a medida, yo creo que no le dio tiempo de cambiarse, normalmente cuando nos vemos él va siempre con su viejo pijama de rayas de colores.
En cuanto salí del colegio cogí mi bicicleta y pedaleé con fuerza hasta llegar al antiguo cementerio del pueblo. Allí hay una enorme sequoia, desde dónde se ve toda la comarca. Trepé por su enraizado tronco hasta la última y más elevada rama y desde allí pude tocar el extremo de una minúscula nube con forma de escalera… Entonces como si lo hubiera hecho toda la vida adelante un pie hacia la nube y sentí una superficie esponjosa bajo mi zapatilla. Sonriente y tranquila fui ascendiendo por esa nube-escalera hasta que llegué a otra, plana y blanca como la nieve. Allí tumbado tranquilamente al Sol me esperaba Valentín con su traje y una gran sonrisa en la cara. Yo creo que a quien iba a ver con tanta prisa era a mi, aunque se que es demasiado orgulloso para admitirlo.

La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio.
Un susurro sobre:
la amistad,
mi cabeza y mis sueños,
NUBES,
personas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)