Querer, querer mucho y no poder parar de querer. Querer como para echar de menos y sufrir y aun así, no parar de querer, no querer dejar de querer. Sí, te echo de menos y sí, te quiero.
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viernes, 13 de abril de 2012
Querer
Un susurro sobre:
besos robados,
el amor
sábado, 26 de noviembre de 2011
Para no verte tanto , para no verte siempre
Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve,
ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
Silvio Rodríguez
(Quería poner sólo una estrofa, pero cada palabra es precisa y reveladora. Hoy no puedo parar de escuchar esta canción.)
para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti.
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.
Ojalá se te acabe la mirada constante,
la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto:
una luz cegadora, un disparo de nieve,
ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
para no verte tanto, para no verte siempre
en todos los segundos, en todas las visiones:
ojalá que no pueda tocarte ni en canciones.
Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda.
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz.
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado.
Ojalá que el deseo se vaya tras de ti,
a tu viejo gobierno de difuntos y flores.
Silvio Rodríguez
(Quería poner sólo una estrofa, pero cada palabra es precisa y reveladora. Hoy no puedo parar de escuchar esta canción.)
Un susurro sobre:
el amor,
la pasión,
Música,
Sentir grande
jueves, 23 de junio de 2011
Parece que va a llover
Ella, española, madurita, pelo corto y negro (posiblemente teñido) y estilo moderno para su edad. Él, algo mayor que ella, lleva camisa, zapatos, pelo engominado y un encnatador acento argentino. Ambos esperan pacientes en la parada del autobús, ella habla con tono crítico de la juventud, comenta como en sus tiempos era necesario salir a la calle, en medio de una transición luchábamos por defender nuestros derechos. Él la escucha paciente y cariñoso, la abraza para retener sus recuerdos y comprender sus palabras, al fin y al cabo crecieron en mundo distintos dentro de un mismo planeta.
Llega el autobús y suben juntos, cada uno paga se paga su viaje. Ella se sienta, él permanece de pie a su lado con la mano en su hombro; miran en la misma dirección. Hablan en susurros, sonríen, comentan. El autobús va prácticamente vacío, pero aún así se hablan cerquita, en voz baja.
Siguiente parada. Él levanta la vista, presiona el botón de parada y besa suavemente en la mejilla a su compañera. Le dice algo, desde mi Mp3 el genio Sabina me impide escuchar sus palabras. El conductor frena, se abren las puertas, él se gira, se despide con la mano y baja del vehículo. Ella lo persigue con la mirada desde su asiento, se miran y se sonríen a través del cristal. Él continúa con paso tranquilo y mira al infinito con cara pensativa sin embargo no puede evitar que una breve sonrisa juguetona se le escape entre los labios dándole un aire adolescente al relato. Ella, con menos pudor, apoya la cabeza en el cristal de la amplísima ventana y sonríe abiertamente con cara inocente e ingenua, la misma que puso cuando su vecino le regaló una margarita a los 5 años.
Yo, mientras tanto, en mi asiento, con mi música y mis pensamientos, les deseo suerte en silencio. Después miro por la ventana; parece que va a llover.
Un susurro sobre:
el amor,
el ancho y profundo MAR
lunes, 14 de febrero de 2011
- Imagínatelo
- Sería genial
- Tú…
- …contigo
- En una habitación enorme.
- Blanca.
- Eso es. Paredes blancas y diáfanas
- Y las sabanas también blancas.
- Y nada más
- Tú…
- Y tú.
- Los dos desnudos todo el día
- Sí…
- Escribiría poemas en tu espalda…
- Con aquella pluma que compramos en Londres
- Por todo el cuerpo… te llenaría de palabras, de ideas y de sueños de amor.
- Yo dibujaría tus curvas con la lengua y te borraría las dudas y los miedos.
- ¿Todos?
- Todos
- Recorreríamos juntos los pliegues de las sabanas y cantaríamos de felicidad.
- Me encantaría llorar contigo y mezclar mis lágrimas enamoradas con tu sudor.
- Tu aliento con sabor a ron con miel sería suave como las rosas
- ¡Eso es! Rosas, tendríamos todo lleno de rosas…
- Pétalos rojos, suaves y sin espinas.
- Sería genial
- Lo sería
- Te quiero
- Yo también te quiero
- Voy a echarte de menos
- Sería bonito un amor así
- Sería un sueño
- Me voy a trabajar
- Compra tinta para la pluma de camino.
- Sería genial
- Tú…
- …contigo
- En una habitación enorme.
- Blanca.
- Eso es. Paredes blancas y diáfanas
- Y las sabanas también blancas.
- Y nada más
- Tú…
- Y tú.
- Los dos desnudos todo el día
- Sí…
- Escribiría poemas en tu espalda…
- Con aquella pluma que compramos en Londres
- Por todo el cuerpo… te llenaría de palabras, de ideas y de sueños de amor.
- Yo dibujaría tus curvas con la lengua y te borraría las dudas y los miedos.
- ¿Todos?
- Todos
- Recorreríamos juntos los pliegues de las sabanas y cantaríamos de felicidad.
- Me encantaría llorar contigo y mezclar mis lágrimas enamoradas con tu sudor.
- Tu aliento con sabor a ron con miel sería suave como las rosas
- ¡Eso es! Rosas, tendríamos todo lleno de rosas…
- Pétalos rojos, suaves y sin espinas.
- Sería genial
- Lo sería
- Te quiero
- Yo también te quiero
- Voy a echarte de menos
- Sería bonito un amor así
- Sería un sueño
- Me voy a trabajar
- Compra tinta para la pluma de camino.
Un susurro sobre:
el amor,
Fotografía,
Huídas
miércoles, 2 de febrero de 2011
Sobre ruedas.
Cuando llega a Sol ya es casi de noche. Mira el reloj; cinco minutos antes de tiempo, sorprendente. Busca la estatua, se acerca y comprueba que todavía no hay nadie.
Pasea, piensa, cambia el peso de un pie a otro, mira el reloj, observa a los viandantes… espera. Hace mucho frío. El ambiente helador y el aburrimiento hacen que centre su atención en la actuación callejera más próxima. Tres chavales patinan sorteando unos pequeños conos de colores justo al lado de la fuente.
Es mágico, narcotizante. Él se toca el pelo, se coloca los pequeños cascos en los oídos, respira hondo y se inclina ligeramente hacia delante. Empieza el baile. Sus pies se mueven a gran velocidad siguiendo un ritmo y un compás desconocidos capaces de hipnotizarla. Ella se pregunta que estará escuchando… ¿Rock and roll? ¿Pop? ¿Música clásica tal vez? Su cuerpo gira, acelera, frena, sube, baja y se dobla sin el menor esfuerzo. Como si fuera de plastilina sus piernas de derriten y sus ruedas dibujas espirales y curvas sobre el frío suelo; todo resultado de ese trepidante ballet urbano. Sólo al terminar se aprecia un suave resoplido al ajustarse la camisa de cuadros rojos, blancos y azules que a ella tanto le gusta. Entonces él la mira, y ella rápidamente baja la vista y analiza las fascinantes baldosas del suelo madrileño. El juego continúa durante un largo rato. Ella alterna las miradas al reloj y al patinador a partes iguales, sus amigos todavía no han llegado. El ritmo frenético no disminuye, los chicos bromean y se arriesgan con distintas piruetas. Una caída. Una mirada. No importa, se levanta y vuelve a la pista.
Ella, apoyada en una farola cierra los ojos…
Se escucha una sirena de policía. Los chicos, alerta, frenan su actividad de golpe y se precipitan hacia sus mochilas para cambiarse de calzado y huir. No tienen permiso para estar allí… “No estábamos pidiendo dinero” dirán, pero de todas forman prefieren no tratar con policías. Los conos en la mochila, ellos calzados y de repente llega un coche con sirena. Guardan lo que queda precipitadamente y desaparecen mezclándose con la multitud que fluye por la calle Preciados.
Sólo ella se fija. Un patín ha quedado olvidado junto al bordillo. SU PATÍN. Se acerca cautelosa y lo coge. Un nombre y un apellido están grabados a navaja en el plástico desgastado. Lo encontrará, y como una Cenicienta posmoderna le probará el patín; sólo el chico de sus sueños sabrá utilizarlo para volar.
… vuelve a abrir los ojos. Ya han pasado cuarenta minutos, los turistas se giran al pasar para ver a los intrépidos patinadores. Ella maldice soñar despierta tan a menudo. De la boca del metro salen sus amigos y un montón de excusas por el retraso. Saludos, besos, “perdón por el retraso”, “hay que frío”, “¡qué guapa!”, “Adonde vamos ahora”… Y al irse, ella se gira, él se gira. Una sencilla sonrisa como despedida y en agradecimiento por compartir esos cuarenta minutos de retraso, baile, velocidad y miradas.
Pasea, piensa, cambia el peso de un pie a otro, mira el reloj, observa a los viandantes… espera. Hace mucho frío. El ambiente helador y el aburrimiento hacen que centre su atención en la actuación callejera más próxima. Tres chavales patinan sorteando unos pequeños conos de colores justo al lado de la fuente.
Es mágico, narcotizante. Él se toca el pelo, se coloca los pequeños cascos en los oídos, respira hondo y se inclina ligeramente hacia delante. Empieza el baile. Sus pies se mueven a gran velocidad siguiendo un ritmo y un compás desconocidos capaces de hipnotizarla. Ella se pregunta que estará escuchando… ¿Rock and roll? ¿Pop? ¿Música clásica tal vez? Su cuerpo gira, acelera, frena, sube, baja y se dobla sin el menor esfuerzo. Como si fuera de plastilina sus piernas de derriten y sus ruedas dibujas espirales y curvas sobre el frío suelo; todo resultado de ese trepidante ballet urbano. Sólo al terminar se aprecia un suave resoplido al ajustarse la camisa de cuadros rojos, blancos y azules que a ella tanto le gusta. Entonces él la mira, y ella rápidamente baja la vista y analiza las fascinantes baldosas del suelo madrileño. El juego continúa durante un largo rato. Ella alterna las miradas al reloj y al patinador a partes iguales, sus amigos todavía no han llegado. El ritmo frenético no disminuye, los chicos bromean y se arriesgan con distintas piruetas. Una caída. Una mirada. No importa, se levanta y vuelve a la pista.
Ella, apoyada en una farola cierra los ojos…
Se escucha una sirena de policía. Los chicos, alerta, frenan su actividad de golpe y se precipitan hacia sus mochilas para cambiarse de calzado y huir. No tienen permiso para estar allí… “No estábamos pidiendo dinero” dirán, pero de todas forman prefieren no tratar con policías. Los conos en la mochila, ellos calzados y de repente llega un coche con sirena. Guardan lo que queda precipitadamente y desaparecen mezclándose con la multitud que fluye por la calle Preciados.
Sólo ella se fija. Un patín ha quedado olvidado junto al bordillo. SU PATÍN. Se acerca cautelosa y lo coge. Un nombre y un apellido están grabados a navaja en el plástico desgastado. Lo encontrará, y como una Cenicienta posmoderna le probará el patín; sólo el chico de sus sueños sabrá utilizarlo para volar.
… vuelve a abrir los ojos. Ya han pasado cuarenta minutos, los turistas se giran al pasar para ver a los intrépidos patinadores. Ella maldice soñar despierta tan a menudo. De la boca del metro salen sus amigos y un montón de excusas por el retraso. Saludos, besos, “perdón por el retraso”, “hay que frío”, “¡qué guapa!”, “Adonde vamos ahora”… Y al irse, ella se gira, él se gira. Una sencilla sonrisa como despedida y en agradecimiento por compartir esos cuarenta minutos de retraso, baile, velocidad y miradas.
Lo mejor del Sol el brillo de la Luna _____ SÓLO CORAZÓN
(Fito & los fitipaldis)
Un susurro sobre:
"pongamos quee hablo de Madrid",
el amor,
personas
lunes, 3 de enero de 2011
Miradas que atrapan.
Con los ojos cerrados muy fuerte Valentine latía su corazón y soñaba sus fantasías. Se perdían y se encontraban juntos entre las sábanas. Rasgaban las sombras del rincón con sus besos y rozaban los cuatro elementos a gritos. Se querían. Se querían saborear, derretir y fundir. Allí todo parecía eterno, perfecto, ABSOLUTO. Pero lo absoluto no existe, todo es etéreo e inestable. Por eso fue inevitable. El día que Valentine lo miró y se zambulló en sus ojos se ahogó sin remedio. Quedo entonces atrapada en su mirada para siempre.
Un susurro sobre:
besos robados,
el amor,
la pasión
jueves, 9 de diciembre de 2010
Solos
Todavía recuerdo el calor de tu cuerpo, la dureza y la suavidad de tu abrazo. Yo dentro de tus ojos, tu dentro de los míos: no existía nada más. Solos tú y yo, en medio de... ¿en medio de qué? ya ni siquiera lo recuerdo. Tu abrazo me envolvía y me invitaba a juguetear con tu pelo, con tu sonrisa, contigo. Ahora ya todo es distinto. Aquella fue tal vez la primera y la última vez que estuvimos solos. Ahora ya todo es distinto, tú y yo también somos distintos. Hemos cambiado los dos. Ahora hay más gente. Ya no estamos solos.
lunes, 10 de mayo de 2010
¿y si salto en tus ojos?
Escribe, tacha, escribe, tacha, coge la calculadora, la deja, apoya la mano en el folio, escribe, tacha. Y yo, que no puedo apartar la mirada de sus movimientos…Me tiemblan las piernas, y me baila el alma; a él también le tiemblan las piernas, o quizás solamente las mueve nervioso por su próximo concierto.. who knows?
Y si salto en tus ojos... Salpica?
Y si salto en tus ojos... Salpica?
Un susurro sobre:
Bibliotecas,
el amor,
personas
sábado, 8 de mayo de 2010
Nada.
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil:Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada.
De repente se ilumina la pantalla, no tardas ni medio segundo en acercar el pequeño aparatito a tus ojillos ansiosos y todavía tardas menos en darte cuenta de que no te queda batería… Te levantas y enchufas el móvil al lado de la mesilla frustrada. Vuelves a sentarte e intentas concentrarte en la filosofía de Kant. Entonces te das la vuelta, te levantas otra vez y…
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Te encantaría que sonase, pi-pi, un mensaje. La cancioncilla de Nokia empieza a parecerte pegadiza y original, QUIERES escucharla… incluso te conformarías con las primeras notas: una llamada perdida. Pero nada; hace meses que sólo recibes mensajes de tu compañía telefónica o de tus amigas cuando casualmente tienen saldo. Llamadas muchas, las de tus padres cuando llegas a casa más tarde de lo acordado…
Miras el móvil. NADA.

Últimamente leo a Mafalda antes de irme a dormir, suele sacarme una sonrisa y me ayuda a ver el mes que me espera de forma más positiva. Una semana de clase, mi ULTIMA semana de clase en el instituto y después, exámenes y después Selectividad...
Al menos después, de después, de después, llega el verano! :D
Miras el móvil:Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada.
De repente se ilumina la pantalla, no tardas ni medio segundo en acercar el pequeño aparatito a tus ojillos ansiosos y todavía tardas menos en darte cuenta de que no te queda batería… Te levantas y enchufas el móvil al lado de la mesilla frustrada. Vuelves a sentarte e intentas concentrarte en la filosofía de Kant. Entonces te das la vuelta, te levantas otra vez y…
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Te encantaría que sonase, pi-pi, un mensaje. La cancioncilla de Nokia empieza a parecerte pegadiza y original, QUIERES escucharla… incluso te conformarías con las primeras notas: una llamada perdida. Pero nada; hace meses que sólo recibes mensajes de tu compañía telefónica o de tus amigas cuando casualmente tienen saldo. Llamadas muchas, las de tus padres cuando llegas a casa más tarde de lo acordado…
Miras el móvil. NADA.

Últimamente leo a Mafalda antes de irme a dormir, suele sacarme una sonrisa y me ayuda a ver el mes que me espera de forma más positiva. Una semana de clase, mi ULTIMA semana de clase en el instituto y después, exámenes y después Selectividad...
Al menos después, de después, de después, llega el verano! :D
Un susurro sobre:
el amor,
mi cabeza y mis sueños
martes, 4 de mayo de 2010
A veces nuestro corazón se rompe sin tocarlo, es tan frágil que un simple estornudo podría deshacerlo en pequeños trocitos. (Yo de momento aguanto la respiración y procuro no pensar demasiado... )
Un susurro sobre:
el amor
sábado, 1 de mayo de 2010
Aquella noche llegó casa con los zapatos de tacón en la mano, las medias rotas y el rímel corrido por las lágrimas. Tras varias intentonas logró atinar con la llave en la cerradura… todavía no se le había pasado la borrachera así que avanzó cautelosa por la cocina, que se balanceaba en su cabeza como un barco velero. Se sentía mareada y tenía nauseas, al entrar al baño a sintió unos agudos pinchazos en los pies descalzos; los restos de su corazón roto se le estaban clavando hasta hacerla sangrar.
-!Mierda! - tenía que recogerlos antes de que sus padres los vieran y empezaran a hacer preguntas… nunca le había gustado hablar de esos temas.
Cogió una escoba y fue arrastrando los fragmentos hasta hacer una montañita en una esquina; entonces, con el recogedor los colocó sobre un pañuelo e hizo un nudo para que no se perdiera ningún trozo.
Se sentó en el suelo y trató de recomponerlo, pero ni el celo, ni las grapas, ni ese famoso súper-pegamento que anunciaban en televisión pudieron hacer nada… cuando intentó coserlo lo único que consiguió fue revivir el sufrimiento del momento con cada puntada. Así que desesperanzada guardó todos los pedazos en una bolsa de basura. No sabía qué hacer. Pensó congelarlo pero nada más abrir la portezuela de la nevera, le dio un escalofrío y no se atrevió; no, ella no sería de esas personas con el corazón frío y sin sentimientos. Entonces salió a la calle y se plantó frente a los contenedores de basura.
-El verde – pensó. Al fin y al cabo era materia orgánica, aunque también con las lágrimas se quedaba arrugado y contrahecho como un cartón viejo…
- Al papel pues, al menos así lo reciclarán y alguien podrá aprovecharlo…
No lo tiraría con los plásticos, su corazón no era de esos con sentimientos sintéticos y plastificados, alguna vez había intentado enlatarlos en envases de Coca-Cola para que no molestaran, pero siempre conseguían escapar.
Estaba de puntillas a punto de arrojarlo al contenedor de papel cuando tuvo una última idea. Subió corriendo las escaleras y lo guardó en una caja de zapatos con agujeritos para que tuviera aire. En la caja metió también las cartas y postales que sus amigos le habían enviado a lo largo de los años, metió los besos y abrazos de sus padres, su pintalabios de la suerte, los piropos más bonitos que conocía escritos en un pañuelito de seda, sus tres libros favoritos y la mejor película de la historia junto con su Mp4. Estuvo alimentando a su corazón roto y enfermo con chocolate y sopitas durante al menos 19 días y 500 noches hasta que un día, de repente, el vacío que sentía en el pecho desapareció. Volvió a sentir el palpitar en las sienes al correr, volvió a escuchar los latidos acelerados cuando tenía un examen, volvió a notar un ligero rubor cuando leía en clase y lo mejor de todo; volvió a sincronizarse con otro corazón.

Y harto de buscarte siempre a oscuras
y de volverme en puro hielo
tiré toda mi vida a la basura,
y ni las ratas se la comieron.
Nadie me persigue pero yo acelero.
Llaman a mi puerta y yo ya a nadie espero.
Pero ¿Dónde están los besos que te debo?
En una cajita;
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.
Y ¿Dónde están los besos que me debes?
en cualquier esquina,
cansados de vivir en tu boquita
siempre a la deriva.
Extremoduro
-!Mierda! - tenía que recogerlos antes de que sus padres los vieran y empezaran a hacer preguntas… nunca le había gustado hablar de esos temas.
Cogió una escoba y fue arrastrando los fragmentos hasta hacer una montañita en una esquina; entonces, con el recogedor los colocó sobre un pañuelo e hizo un nudo para que no se perdiera ningún trozo.
Se sentó en el suelo y trató de recomponerlo, pero ni el celo, ni las grapas, ni ese famoso súper-pegamento que anunciaban en televisión pudieron hacer nada… cuando intentó coserlo lo único que consiguió fue revivir el sufrimiento del momento con cada puntada. Así que desesperanzada guardó todos los pedazos en una bolsa de basura. No sabía qué hacer. Pensó congelarlo pero nada más abrir la portezuela de la nevera, le dio un escalofrío y no se atrevió; no, ella no sería de esas personas con el corazón frío y sin sentimientos. Entonces salió a la calle y se plantó frente a los contenedores de basura.
-El verde – pensó. Al fin y al cabo era materia orgánica, aunque también con las lágrimas se quedaba arrugado y contrahecho como un cartón viejo…
- Al papel pues, al menos así lo reciclarán y alguien podrá aprovecharlo…
No lo tiraría con los plásticos, su corazón no era de esos con sentimientos sintéticos y plastificados, alguna vez había intentado enlatarlos en envases de Coca-Cola para que no molestaran, pero siempre conseguían escapar.
Estaba de puntillas a punto de arrojarlo al contenedor de papel cuando tuvo una última idea. Subió corriendo las escaleras y lo guardó en una caja de zapatos con agujeritos para que tuviera aire. En la caja metió también las cartas y postales que sus amigos le habían enviado a lo largo de los años, metió los besos y abrazos de sus padres, su pintalabios de la suerte, los piropos más bonitos que conocía escritos en un pañuelito de seda, sus tres libros favoritos y la mejor película de la historia junto con su Mp4. Estuvo alimentando a su corazón roto y enfermo con chocolate y sopitas durante al menos 19 días y 500 noches hasta que un día, de repente, el vacío que sentía en el pecho desapareció. Volvió a sentir el palpitar en las sienes al correr, volvió a escuchar los latidos acelerados cuando tenía un examen, volvió a notar un ligero rubor cuando leía en clase y lo mejor de todo; volvió a sincronizarse con otro corazón.

Y harto de buscarte siempre a oscuras
y de volverme en puro hielo
tiré toda mi vida a la basura,
y ni las ratas se la comieron.
Nadie me persigue pero yo acelero.
Llaman a mi puerta y yo ya a nadie espero.
Pero ¿Dónde están los besos que te debo?
En una cajita;
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.
Y ¿Dónde están los besos que me debes?
en cualquier esquina,
cansados de vivir en tu boquita
siempre a la deriva.
Extremoduro
Un susurro sobre:
el amor
martes, 27 de abril de 2010
Hasta que no hay nada por lo que seguir respirando.
A veces, por la noche (cuando más te echo de menos) me abrazo muy fuerte a la almohada y dejo que mis sueños se diluyan entre mis lágrimas… Con mis labios vacíos dibujo tu silueta y te beso en la soledad de mis noches y en la locura de mi lujuria.
Te deseo, te miro de reojo y aprecio hasta el más mínimo movimiento de tu cuerpo; cada vez que te levantas y el azar y tu arrugada camiseta dejan ver la parte de debajo de tu ombligo, un ligero cosquilleo se desliza desde mi estómago hasta mi entrepierna. Imagino el roce de tu barba mal afeitada sobre mi cuello, las caricias en el minúsculo hueco que queda entre mi cabeza y mi corazón… Quiero envolverte en un abrazo cálido y ardiente, suave y furioso, tierno y apasionado… quiero envolverte, que tú me envuelvas y que no me dejes nunca. Que tu corazón y el mío se acompasen y que mis jadeos marquen el ritmo de tu respiración hasta que ya no haya nada por lo que seguir respirando. Necesito que la distancia entre nuestros labio se esfume, ¿no lo notas? Debe esfumarse. Me encantaría que me susurrases al oído, “Danièle, Danièle” que yo misma saliera por tu garganta y acariciase tus labios, porque no todo el mundo lo dice como tú, como si una ráfaga de viento me levantara del suelo; oírte pronunciar mi nombre me da vértigo y me hace cosquillas… También quiero hundirme en tus ojos, pero de verdad, hasta sentir que me ahogo, que lo único que me salva de perderme en la profundidad es tu negra pupila, que me indica, como un mapa, el centro del Universo. Quiero mirarte a los ojos y hundirme sin remedio; ahora, cuando te miro, es como si simplemente observara mi reflejo en un río de agua clara, sin atreverme a entrar y vigilando, para alejarme rápidamente si te acercas,supongo que por miedo a ser descubierta… Sí miedo, aunque en realidad es miedo a NO ser descubierta, a sentir que ya no puedo hacer nada más, que puedo gritar y llorar pero que tu nunca oirás lo que quiero decir(te). Entonces cierro los ojos y lloro hasta que Morfeo me acoge en sus deliciosos brazos y deja que sueñe que nuestros cuerpos, como dos imanes, permanecerán juntos… juntos hasta que no haya nada por lo que seguir respirando.

¡Ya está aquí! Blanco, suave y con un precioso sello rectangular, lo abro y huele a mar, a aires del Sur y a ella. La oigo susurrarme esas palabras a oído, pedirme que buceeemos hasta Niza en una botella, que bailemos y que cantemos a Silvio, a Sabina, a Ismael... realmente me gustaría... ¿quien sabe a dónde nos llevara el camino de regreso? Tal vez no a Niza pero un viajecito express no nos lo quitará Nadie este verano,, :)
Te deseo, te miro de reojo y aprecio hasta el más mínimo movimiento de tu cuerpo; cada vez que te levantas y el azar y tu arrugada camiseta dejan ver la parte de debajo de tu ombligo, un ligero cosquilleo se desliza desde mi estómago hasta mi entrepierna. Imagino el roce de tu barba mal afeitada sobre mi cuello, las caricias en el minúsculo hueco que queda entre mi cabeza y mi corazón… Quiero envolverte en un abrazo cálido y ardiente, suave y furioso, tierno y apasionado… quiero envolverte, que tú me envuelvas y que no me dejes nunca. Que tu corazón y el mío se acompasen y que mis jadeos marquen el ritmo de tu respiración hasta que ya no haya nada por lo que seguir respirando. Necesito que la distancia entre nuestros labio se esfume, ¿no lo notas? Debe esfumarse. Me encantaría que me susurrases al oído, “Danièle, Danièle” que yo misma saliera por tu garganta y acariciase tus labios, porque no todo el mundo lo dice como tú, como si una ráfaga de viento me levantara del suelo; oírte pronunciar mi nombre me da vértigo y me hace cosquillas… También quiero hundirme en tus ojos, pero de verdad, hasta sentir que me ahogo, que lo único que me salva de perderme en la profundidad es tu negra pupila, que me indica, como un mapa, el centro del Universo. Quiero mirarte a los ojos y hundirme sin remedio; ahora, cuando te miro, es como si simplemente observara mi reflejo en un río de agua clara, sin atreverme a entrar y vigilando, para alejarme rápidamente si te acercas,supongo que por miedo a ser descubierta… Sí miedo, aunque en realidad es miedo a NO ser descubierta, a sentir que ya no puedo hacer nada más, que puedo gritar y llorar pero que tu nunca oirás lo que quiero decir(te). Entonces cierro los ojos y lloro hasta que Morfeo me acoge en sus deliciosos brazos y deja que sueñe que nuestros cuerpos, como dos imanes, permanecerán juntos… juntos hasta que no haya nada por lo que seguir respirando.
¡Ya está aquí! Blanco, suave y con un precioso sello rectangular, lo abro y huele a mar, a aires del Sur y a ella. La oigo susurrarme esas palabras a oído, pedirme que buceeemos hasta Niza en una botella, que bailemos y que cantemos a Silvio, a Sabina, a Ismael... realmente me gustaría... ¿quien sabe a dónde nos llevara el camino de regreso? Tal vez no a Niza pero un viajecito express no nos lo quitará Nadie este verano,, :)Tambien me da vertigo pensar en ti y en el besote que te debo! ;P
TEQUIEROVIC!
Un susurro sobre:
besos robados,
el amor,
la pasión
domingo, 18 de abril de 2010
Lluvia.
Era un día triste… las nubes de un deprimente color gris plomizo se vaciaban sobre los desgastados adoquines de la acera. Ella caminaba despacio con los ojos fijos en el oscuro horizonte. Un pequeño paraguas plegable se balanceaba en su mano; llovía mucho, pero no le importaba mojarse, quería mojarse. Grandes gotas resbalaban por sus mejillas y le recorrían todo el cuerpo. Llevaba un bonito vestido negro que, un vez mojado permitía adivinar sus delgadas formas casi infantiles. El pelo se le pegaba a la frente y le chorreaba en cascada por la espalda como si se encontrara bajo el grifo de una ducha fría. De las pestañas le colgaban pequeñas gotas que se mezclaban con sus lágrimas. No podía parar de llorar, cuanto más llovía más lloraba. Era un llanto silencioso sin gritos exagerados ni gemidos… sólo lágrimas. Sólo dolor que le dejaba aquel familiar sabor saldo en los labios, pero que le escocía como un ácido en el corazón.
Llevaba unas bailarinas grises que procuraba sumergir en todos los charcos en un intento desesperado de ahogar sus penas. La orquesta formada por millones de gotas chocando violentamente contra la ciudad dormida impedía escuchar cualquier sonido ajeno a aquel estallido tormentoso; por eso no lo oyó acercase por detrás y fue su roce lo que la sacó de aquella ensoñación lluviosa que la hipnotizaba.
-¿Has vuelto?- preguntó insegura. Ni siquiera se atrevió a parpadear temiendo que su presencia sólo fuese una alucinación y que si cerraba los ojos éste desapareciese otra vez.
-Sí, he vuelto- le susurró- no podía dejarte sola con esta tormenta.
Llevaba unas bailarinas grises que procuraba sumergir en todos los charcos en un intento desesperado de ahogar sus penas. La orquesta formada por millones de gotas chocando violentamente contra la ciudad dormida impedía escuchar cualquier sonido ajeno a aquel estallido tormentoso; por eso no lo oyó acercase por detrás y fue su roce lo que la sacó de aquella ensoñación lluviosa que la hipnotizaba.
-¿Has vuelto?- preguntó insegura. Ni siquiera se atrevió a parpadear temiendo que su presencia sólo fuese una alucinación y que si cerraba los ojos éste desapareciese otra vez.
-Sí, he vuelto- le susurró- no podía dejarte sola con esta tormenta.
Aquella noche en la ciudad llovía y había tráfico, gente, semáforos y ruido pero para ella solamente existía él, él y su maleta vacía, que había vuelto a su sitio habitual en el armario.
__________________________________________________________
“Hay una buena cantidad de nada en la vida y hay que saber dejarla atrás”.
Carmen Laforet, escritora española
sábado, 17 de abril de 2010
El día.
Hay días que son EL DÍA. Parece que por arte de magia los astros se van a alinear, van a parar todas las guerras , todos los motores van a detenerse y vuestros nombres se escribirán en el estrellado cielo usando millones de lucecitas... Pensamos que hay cosas que deben ocurrir en su MOMENTO y que si ESE momento pasa ya no será posible que ESO ocurra... Aunque luego, en el fondo, siempre encontramos excusas que expliquen porque no pasó ESO ESE día que nos devuelven la esperanza y las ganas de buscar otro MOMENTO y otro DÍA.

ESE DÍA.

ESE DÍA.
sábado, 10 de abril de 2010
El primer (des)amor.
-Sientes un extraño cosquilleo en el estómago, como si millones de mariposas revolotearan dentro de ti, es algo maravilloso…- contestó su abuela cuando le preguntó qué pasaba cuando uno se enamora.
- Es como si tu corazón le perteneciera a otra persona. Además solo te apetece compartir tu vida con él, es lo que a mí me pasa con tu padre que en mi vida ya no soy sólo YO ahora somos NOSOTROS, lo compartimos todo ¿lo entiendes?- le explicó su madre.
- Estas todo el tiempo pensando en esa persona y solo quieres estar con él…bueno con él y con sus cuadraditos - suspiró la hija de la portera.
-Haces cosas juntos, cosas de novios, como ir al cine pasear mucho, daros besitos, ir de la mano, suspirar cuando se pone el sol…- le contestó su amiga Marieta con aire sabiondo.
-Os regaláis cosas, habláis cuando uno está triste, no se hija… ¡es que haces unas preguntitas! ¿Le has preguntado ya a tu madre?- la despachó su padre mientras hacía la cena.
Marta siguió preguntando a todos sus vecinos, compañeros de clase y a su familia… finalmente tomó una dura decisión: le diría a Pablito que no quería ser su novia. Después de darle muchas vueltas decidió que enamorarse no tenía ninguna ventaja. No estaba dispuesta a tener dolor de tripa ni mucho menos a darle su corazón a nadie. Tampoco quería dejar de quedar con sus amigos ni compartir sus chucherías. Además no le interesaban para nada los problemas de Pablito y le daban igual los cuadraditos y los circulitos, y sobretodo, le daban arcadas solo de pensar en darle un beso, ¡qué asco! Lo único bueno que tenía era lo de los regalos, pero teniendo a Papá Noel y a Los Reyes Magos ¿Quién quiere un novio? Marta ya tenía 7 años y en ese mismo momento prometió que no se enamoraría nunca. Por suerte, no todas las promesas se pueden cumplir.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí .
J.Sabina
- Es como si tu corazón le perteneciera a otra persona. Además solo te apetece compartir tu vida con él, es lo que a mí me pasa con tu padre que en mi vida ya no soy sólo YO ahora somos NOSOTROS, lo compartimos todo ¿lo entiendes?- le explicó su madre.
- Estas todo el tiempo pensando en esa persona y solo quieres estar con él…bueno con él y con sus cuadraditos - suspiró la hija de la portera.
-Haces cosas juntos, cosas de novios, como ir al cine pasear mucho, daros besitos, ir de la mano, suspirar cuando se pone el sol…- le contestó su amiga Marieta con aire sabiondo.
-Os regaláis cosas, habláis cuando uno está triste, no se hija… ¡es que haces unas preguntitas! ¿Le has preguntado ya a tu madre?- la despachó su padre mientras hacía la cena.
Marta siguió preguntando a todos sus vecinos, compañeros de clase y a su familia… finalmente tomó una dura decisión: le diría a Pablito que no quería ser su novia. Después de darle muchas vueltas decidió que enamorarse no tenía ninguna ventaja. No estaba dispuesta a tener dolor de tripa ni mucho menos a darle su corazón a nadie. Tampoco quería dejar de quedar con sus amigos ni compartir sus chucherías. Además no le interesaban para nada los problemas de Pablito y le daban igual los cuadraditos y los circulitos, y sobretodo, le daban arcadas solo de pensar en darle un beso, ¡qué asco! Lo único bueno que tenía era lo de los regalos, pero teniendo a Papá Noel y a Los Reyes Magos ¿Quién quiere un novio? Marta ya tenía 7 años y en ese mismo momento prometió que no se enamoraría nunca. Por suerte, no todas las promesas se pueden cumplir.
Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí .
J.Sabina
Un susurro sobre:
el amor,
el destino de las estrellas fugaces
viernes, 9 de abril de 2010
Huída.
Buscó en el fondo de los cajones los restos de esperanza que todavía le quedaban, hacía mucho que ahorraba, pero en cuanto él la encontraba la destruía, por eso había tenido que esconderla. Cogió se ropa más preciada del armario y la colocó en la maleta al lado de los fragmentos de alegría que había recogido del suelo de la cocina. Metió también sus libros favoritos y sus perfumes. También recuperó los álbumes de fotos de cuando era joven, y en sus lomos descubrió que junto con el polvo se habían ido acumulando partículas de buen humor, y que entre las hojas, estaban todavía intactos sus sueños sin cumplir.
Le escribió una nota en la que dejó toda su rabia impresa en dos sencillas palabras que lo decían todo: ME VOY.
Firmó con un poco de pena y puso la carta apoyada en demasiados años de silencio y humillación.
Antes de salir echó un último vistazo a la que había sido su casa los últimos treinta años y contemplo con rencor las gotas de dolor y engaño que todavía se distinguían salpicadas en la pared. Abrió la puerta, cogió su abrigo y su dignidad de la percha, siempre los dejaba ahí antes de entrar, salió. Las llaves ni las tocó, no pensaba volver.
Cerró la puerta con cuidado y se perdió entre la bruma nocturna. Avanzaba segura por la calle, con una maleta en una mano y su destino recién estrenado en la otra, animada por millones de estrellas que esa noche brillaban sólo para ella, para alumbrarle el camino seguro.

Es cómodo, mirar la vida a través de un cristal, esperar que las cosas cambien, mejoren, que nuestros mas íntimos deseos se cumplan... pero por desgracia no suele pasar... si esperamos resultados distintos tenemos que actuar, hacer cosas diferentes... y solamente arrepentirnos de las locuaras que no hemos cometido.
Le escribió una nota en la que dejó toda su rabia impresa en dos sencillas palabras que lo decían todo: ME VOY.
Firmó con un poco de pena y puso la carta apoyada en demasiados años de silencio y humillación.
Antes de salir echó un último vistazo a la que había sido su casa los últimos treinta años y contemplo con rencor las gotas de dolor y engaño que todavía se distinguían salpicadas en la pared. Abrió la puerta, cogió su abrigo y su dignidad de la percha, siempre los dejaba ahí antes de entrar, salió. Las llaves ni las tocó, no pensaba volver.
Cerró la puerta con cuidado y se perdió entre la bruma nocturna. Avanzaba segura por la calle, con una maleta en una mano y su destino recién estrenado en la otra, animada por millones de estrellas que esa noche brillaban sólo para ella, para alumbrarle el camino seguro.

Es cómodo, mirar la vida a través de un cristal, esperar que las cosas cambien, mejoren, que nuestros mas íntimos deseos se cumplan... pero por desgracia no suele pasar... si esperamos resultados distintos tenemos que actuar, hacer cosas diferentes... y solamente arrepentirnos de las locuaras que no hemos cometido.
Un susurro sobre:
el amor,
LOS SINSENTIDOS DEL MUNDO,
personas
miércoles, 7 de abril de 2010
Mar.
Un paso tras otro, sin prisa, observando cómo sus pequeños pies se hundían poco a poco en la arena. Le encantaba mirarla caminar por la playa. La suave brisa marina le desordenaba la larga melena castaña. Ella avanzaba seria, pero si prestaba atención podía distinguir esa sonrisa juguetona que escondía tras los grandes ojos verdes. No andaba, se deslizaba hacia el agua despacio y con decisión. Iba con calma, disfrutando a cada paso de la suavidad de la arena, notando cada minúsculo grano colarse entre los dedos y hacerle cosquillas.
Llevaba puesto el vestido que él le regaló. Era blanco y largo, de una tela semitransparente que él jamás habría sabido identificar. Unos finos tirantes le dejaban sus hombros al aire, que tras todo el verano parecía que reflejaban la luz del Sol en forma de destellos dorados.
Las olas la hacían moverse de un modo gracioso para mantener el equilibrio, como si se tratase de una curiosa danza entre la naturaleza y ella. Alguna que otra ráfaga de aire le levantaba el vestido hasta los muslos, pero ella lo sujetaba con un sencillo gesto consciente de que él la estaba observando. Entonces se giraba y él comprobaba tristemente que sus ojos se habían vuelto más oscuros, casi azules, del mismo color que el mar que se extendía rabioso ante ellos. Entonces sabía que jamás sería suya, ella siempre pertenecería al mar. Cerraba los ojos y suspiraba. Al abrirlos de nuevo ella ya no estaba allí. Solo el vestido blanco arrugado en el suelo lo acompañaría de nuevo en su rutinaria vida. Con el envolvería ahora todos los pedazos de su corazón, para mantener unidas las partes y evitar así que se perdieran en el mar para siempre.

ME SIENTO, mar, a oírte.
¿Te sentarás tú, mar, para escucharme?
Rafael Alberti
Llevaba puesto el vestido que él le regaló. Era blanco y largo, de una tela semitransparente que él jamás habría sabido identificar. Unos finos tirantes le dejaban sus hombros al aire, que tras todo el verano parecía que reflejaban la luz del Sol en forma de destellos dorados.
Las olas la hacían moverse de un modo gracioso para mantener el equilibrio, como si se tratase de una curiosa danza entre la naturaleza y ella. Alguna que otra ráfaga de aire le levantaba el vestido hasta los muslos, pero ella lo sujetaba con un sencillo gesto consciente de que él la estaba observando. Entonces se giraba y él comprobaba tristemente que sus ojos se habían vuelto más oscuros, casi azules, del mismo color que el mar que se extendía rabioso ante ellos. Entonces sabía que jamás sería suya, ella siempre pertenecería al mar. Cerraba los ojos y suspiraba. Al abrirlos de nuevo ella ya no estaba allí. Solo el vestido blanco arrugado en el suelo lo acompañaría de nuevo en su rutinaria vida. Con el envolvería ahora todos los pedazos de su corazón, para mantener unidas las partes y evitar así que se perdieran en el mar para siempre.
ME SIENTO, mar, a oírte.
¿Te sentarás tú, mar, para escucharme?
Rafael Alberti
Un susurro sobre:
besos robados,
el amor,
el ancho y profundo MAR,
POEMAS
lunes, 5 de abril de 2010
Quiero besarte.
Un beso robado, uno diferente cada noche. Da igual de quien, a ella todos le sabían a él. Cerraba los ojos y sentía el cosquilleo de su barba mal afeitada, su olor, absorbía su olor como si lo necesitara más que el oxígeno para vivir. Hubo un tiempo en el que tuvo principios, ahora ella era una chica diferente, habían pasado demasiadas cosas. No le importaba quién fuera, ni cómo, solo quería sentir unos labios junto a los suyos, aunque sabía que ningún otro beso le daría tanto calor como los que él le regalaba. Había algunas de aquellas sombras sin nombre ni rostro que intentaba levantarle la falda, entonces ella los miraba sorprendida, incapaz de concebir la idea de que otro que no fuese él la tocara. Recordaba con viveza aquellas tardes de verano en las que sus respiraciones se acompasaban, sus corazones se unificaban en un mismo latido y ambos se movían al ritmo de las olas del mar… Por él, por él se ponía cada noche los tacones en busca de besos robados, esperando que algún día apareciese con su sonrisa grande y se la llevase se allí.

Si la vida se deja yo le meto mano
y si no aún me excita mi oficio,
y como además sale gratis soñar
y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas,
a probarme otros nombres,
Fotográfa: A´ :)
Si la vida se deja yo le meto mano
y si no aún me excita mi oficio,
y como además sale gratis soñar
y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas,
a probarme otros nombres,
Fotográfa: A´ :)
Un susurro sobre:
besos robados,
el amor,
la pasión,
personas
viernes, 2 de abril de 2010
Atardecer...
29.Marzo, San Sebastián
http://www.youtube.com/watch?v=fQ5f3VspUUQ
Un susurro sobre:
el amor,
el ancho y profundo MAR,
la pasión,
personas
miércoles, 31 de marzo de 2010
Engaños
Nos engañamos. Es una mala costumbre de los humanos que no podemos evitar. Somos demasiado frágiles para aceptar ciertas cosas, porque no siempre todo es como desearíamos que fuese y eso nos duele. Hay veces que no podemos elegir, las cosas son como son y punto y si no nos gusta, nos tenemos que aguantar. Pero es duro asumir que hay gente que tiene lo que a nosotros nos gustaría, pero que por cosas de la vida no nos ha tocado disfrutar. Entonces aunque nuestro corazón llore y grite de rabia e impotencia, nuestra mente se pone a funcionar para evitarnos ese dolor. Buscamos explicaciones para lo inexplicable e intentamos verle el lado positivo a lo que no tiene lados. Normalmente con eso nos conformamos, pensamos: Total, lo mío tampoco esta tan mal. No todo son ventajas si… Seguro que él piensa lo mismo de mí…
Pero eso solo son excusas y a veces el corazón acalla esos pobres consuelos y se hace oír entre la multitud de nuestros pensamientos. Siempre te dicen, por ejemplo; estar solo tiene sus ventajas… haces lo que quieres cuando quieres, eres libre, no tienes que ser fiel a nadie, tienes más tiempo para hacer lo que te apetezca, no dependes de nadie ni nadie de ti, incluso gastas menos saldo… y yo, yo me lo repito muchas veces a mí misma, de verdad que lo hago e intento creérmelo, pero no puedo. Hay gente que es más feliz sola, yo no lo pongo en duda, pero no es mi caso. Yo echo de menos las caricias y las miradas de reojo, los piropos y estar tumbados sin hablar, escuchando nuestras respiraciones acompasadas. Es todo tan bonito cuando estás enamorada, lo bueno, es mejor y lo malo, simplemente no importa, realmente nada importa demasiado. Solo importamos él y yo.
De momento espero poder seguir engañándome durante un poco más,no espero tener muchas dificultades, en realidad, el autoengaño está en nuestra naturaleza.

Cosas que siempre suenan a triste, cosas que suenan a olvidar.
Pero eso solo son excusas y a veces el corazón acalla esos pobres consuelos y se hace oír entre la multitud de nuestros pensamientos. Siempre te dicen, por ejemplo; estar solo tiene sus ventajas… haces lo que quieres cuando quieres, eres libre, no tienes que ser fiel a nadie, tienes más tiempo para hacer lo que te apetezca, no dependes de nadie ni nadie de ti, incluso gastas menos saldo… y yo, yo me lo repito muchas veces a mí misma, de verdad que lo hago e intento creérmelo, pero no puedo. Hay gente que es más feliz sola, yo no lo pongo en duda, pero no es mi caso. Yo echo de menos las caricias y las miradas de reojo, los piropos y estar tumbados sin hablar, escuchando nuestras respiraciones acompasadas. Es todo tan bonito cuando estás enamorada, lo bueno, es mejor y lo malo, simplemente no importa, realmente nada importa demasiado. Solo importamos él y yo.
De momento espero poder seguir engañándome durante un poco más,no espero tener muchas dificultades, en realidad, el autoengaño está en nuestra naturaleza.
Cosas que siempre suenan a triste, cosas que suenan a olvidar.
Un susurro sobre:
el amor,
el destino de las estrellas fugaces,
gente,
mi cabeza y mis sueños,
personas
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