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domingo, 20 de noviembre de 2011

El mañana me da miedo.

El mañana me da miedo. No, me da miedo lo que pueda pasar mañana. Me da casi tanto miedo como las casas sin libros. No confío en ellos como tampoco confío en la gente que no bebe por miedo a perder el control sobre cada mínimo detalle de su vida. Me inquietan tanto como la gente que sonríe demasiado o la que nunca sonríe. Me aterran las personas que no dudan, que nunca se equivocan y que están seguras de todo. Siento angustia como cuando no viene el autobús o las tallas están equivocadas. Más que nunca estar azul será estar triste, derrotado y engañado. Tengo miedo, tengo mucho miedo, el mismo miedo que el enfermo terminal que sabe cuándo va a terminar todo, el mismo pánico que el que sabe que siempre es posible empeorar. Me encuentro confusa cuando hay más gente en la calle por "la familia" que con camisetas verdes. Siento la impotencia del que no entiende al sexo opuesto y aun así lo ama, ¿qué tiene la gente en la cabeza cuando cierra el sobre antes de introducirlo en la urna?


Y a pesar de todo, intentaré ser optimista, al fin y al cabo es el acto más revolucionario hoy en día.

Y sí, mañana me despertaré con una alegre sonrisa y una actitud por estrenar (o al menos eso pretendo)

lunes, 14 de febrero de 2011

- Imagínatelo


- Sería genial

- Tú…

- …contigo

- En una habitación enorme.

- Blanca.

- Eso es. Paredes blancas y diáfanas

- Y las sabanas también blancas.

- Y nada más

- Tú…

- Y tú.

- Los dos desnudos todo el día

- Sí…

- Escribiría poemas en tu espalda…

- Con aquella pluma que compramos en Londres

- Por todo el cuerpo… te llenaría de palabras, de ideas y de sueños de amor.

- Yo dibujaría tus curvas con la lengua y te borraría las dudas y los miedos.

- ¿Todos?

- Todos

- Recorreríamos juntos los pliegues de las sabanas y cantaríamos de felicidad.

- Me encantaría llorar contigo y mezclar mis lágrimas enamoradas con tu sudor.

- Tu aliento con sabor a ron con miel sería suave como las rosas

- ¡Eso es! Rosas, tendríamos todo lleno de rosas…

- Pétalos rojos, suaves y sin espinas.

- Sería genial

- Lo sería

- Te quiero

- Yo también te quiero

- Voy a echarte de menos

- Sería bonito un amor así

- Sería un sueño

- Me voy a trabajar

- Compra tinta para la pluma de camino.



sábado, 12 de febrero de 2011

SECRETO

- ¿Te ha visto alguien?


- Sí, me han preguntado, pero les he dicho que ya me iba a casa.

- ¿Deberíamos contárselo?

- Tal vez… aunque no me gustaría hacerle daño a nadie.

- Ya…

Él la besó suavemente aspirando esas últimas palabras. Qué importaban los demás. ¿Qué les iban a decir?... ¿les contarían lo de los besos? ¿Lo de los paseos? Tal vez entonces deberían buscarle un nombre a todo aquello. No. Era mucho mejor así.

Dejarse llevar suena demasiado bien…

viernes, 10 de diciembre de 2010

FIESTA!

           Me gustaría ponerme zapatos de aire, para sobrevolar la ciudad por encima de vuestras cabezas.Me pintaría los labios con chocolate y fresas para poder dar los besos más dulces. Me sonrojaría por es esfuerzo tras 38 volteretas y alargaría mis pestañas mirando a las estrellas: soñando son volar.  Mis joyas serías tus caricias y mi citurón tu abrazo. En cada oreja llevaría un preciosa nota musical de aquella melodía tan alegre... Antes de salir llenaría mi bolso de sueños y deseos (nunca se sabe cuando puedes necesitarlo) y finalmente cogería el abrigo, sí, ese que huele a ti.

-¡Ya estoy lista para salir de fiesta!

(No me gusta salir de fiesta por sitios pijos ¬¬)

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Si al menos dejase de perder el tiempo...

Ni en el fondo del cajón, ni en el ático, ni debajo de la almhoada, ni siquiera en el fondo de aquel viejo arcón de la época del descubrimiento de América... había desaparecido: el minutero de mi reloj se había esfumado sin más. El segundero intranquilo no dejaba de dar vueltas sin sentido mientras la saeta de las horas esperaba pacientemente. Se negaba a avanzar, no hasta que su compañera volviese para darle el relevo, al fin y al cabo no era la primera hora que se el hacía más larga de lo normal.
Yo , a su vez, me sentía desubicada, perdida, confusa y por primera vez libre de verdad.




La persistencia de la memoria; Salvador Dalí


   

   "Dale una patada al reloj,
hoy no vas a ser de nadie
TU RUTINA PUEDE ESPERAR
vamos a vivir del aire."
                                                                                                               La Fuga

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Lo reconozco, Madrid me estresa. Antes al hablar con alguien lo miraba a los ojos... ahora sólo miro el reloj...
(Me han dicho que la tilde del "sólo" ya n oes necesaria, pero ¡queda tan bonita!)



miércoles, 12 de mayo de 2010

Ahí es Wendy, la segunda estrella a la derecha, volaremos hasta que amanezca.


La primera vez que vi Peter Pan (versionada por Disney cómo no) había nacido ya mi primer hijo. Contemplé alucinada como con unos simples polvitos de hada aquellos niños traviesos se echaban a volar. Wendy, Mikel y John se elevaban emocionados por el nublado cielo londinense acompañados por Peter y Campañilla… Fue entonces cuando recordé algo, los polvos mágicos que a mí me habían hecho volar durante mis años de infancia…este diario, nadie lo leerá nadie jamás, pero si alguna mente malpensada lo hiciera, seguro creería de inmediato que dichos polvos son drogas o algo del estilo… pues no, son polvo de tiza.

Era sólo una niña cuando descubrí que en la bohardilla de la casa de mis abuelos había una enorme pizarra de una tía segunda que había sido maestra en los tiempos de la II República (cuando todavía estaba abierto el colegio). Tenía prohibido subir allí porque según decía mi abuela era peligroso; pero mientras mi abuelo iba al bar a tomar el café y mi abuela se echaba la siesta, yo, subía a hurtadillas por las desvencijadas escaleras y pasaba la tarde curioseando. Aunque debo reconocer que el día que descubrí la pizarra, todos los demás objetos del ático perdieron interés para mí. Aquella pizarra fue testigo de mis primero e inseguros trazos literarios. Las líneas torcidas y desiguales se mezclaban y combinaban en la lisa negrura que, casi olvidada, parecía sorprendida de verme allí, como un preso sin esperanzas amnistiado el día anterior a su ejecución.

Tras el experimento solía borrar las huellas de mi intromisión con las mangas de la camisa o con los flecos de la falda de mi uniforme escolar. Cuando mi abuela, sofocada tras subir el último tramo de escaleras me descubría toda sucia y sonriente, me sacudía enfurecida con aquel paño grisáceo que llevaba siempre colgando del mandil. Para mí aquel polvo que me irritaba los ojos y me resecaba la garganta haciéndome toser, aquel era mi polvo de hadas, el que me hacía volar al país de Nunca Jamás y para vivir alocadas y absurdas aventuras de Indios, Piratas y niños que no querían crecer.




Ese es su propio polvo de hadas... el mío son las sonrisas de mis amigos por la mañana, el olor a chocolate y a crêpes, los besos, las paginas gastadas de los libros de segunda mano, los detalles, la palabra "carcajada", los abrazos y los rumores que dejais los que me leeis.
Y a vosotros, ¿qué os hace volar?

domingo, 18 de abril de 2010

Lluvia.

Era un día triste… las nubes de un deprimente color gris plomizo se vaciaban sobre los desgastados adoquines de la acera. Ella caminaba despacio con los ojos fijos en el oscuro horizonte. Un pequeño paraguas plegable se balanceaba en su mano; llovía mucho, pero no le importaba mojarse, quería mojarse. Grandes gotas resbalaban por sus mejillas y le recorrían todo el cuerpo. Llevaba un bonito vestido negro que, un vez mojado permitía adivinar sus delgadas formas casi infantiles. El pelo se le pegaba a la frente y le chorreaba en cascada por la espalda como si se encontrara bajo el grifo de una ducha fría. De las pestañas le colgaban pequeñas gotas que se mezclaban con sus lágrimas. No podía parar de llorar, cuanto más llovía más lloraba. Era un llanto silencioso sin gritos exagerados ni gemidos… sólo lágrimas. Sólo dolor que le dejaba aquel familiar sabor saldo en los labios, pero que le escocía como un ácido en el corazón.
Llevaba unas bailarinas grises que procuraba sumergir en todos los charcos en un intento desesperado de ahogar sus penas. La orquesta formada por millones de gotas chocando violentamente contra la ciudad dormida impedía escuchar cualquier sonido ajeno a aquel estallido tormentoso; por eso no lo oyó acercase por detrás y fue su roce lo que la sacó de aquella ensoñación lluviosa que la hipnotizaba.
-¿Has vuelto?- preguntó insegura. Ni siquiera se atrevió a parpadear temiendo que su presencia sólo fuese una alucinación y que si cerraba los ojos éste desapareciese otra vez.
-Sí, he vuelto- le susurró- no podía dejarte sola con esta tormenta.


Aquella noche en la ciudad llovía y había tráfico, gente, semáforos y ruido pero para ella solamente existía él, él y su maleta vacía, que había vuelto a su sitio habitual en el armario.



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“Hay una buena cantidad de nada en la vida y hay que saber dejarla atrás”.

Carmen Laforet, escritora española

miércoles, 14 de abril de 2010

Perderse...

Lulú tenía miedo de perderse ,de esfumarse y desaparecer como su madre. Hacía solo dos años que se había ido. Una fría noche de invierno los había abandonado; llevándose con ella sus maletas y sus esperanzas. Solamente había dejado su olor en las sábanas y una nota en la encimera: “Necesito encontrarme a mí misma”.
Lulú siempre la buscaba, si la encontraba ella, tal vez su madre volviera y todo sería como antes. Intentaba encontrarla en las caras de la gente que vagaba por las atestadas calles de la ciudad, en los enormes abrigos de las señoras cuando iba en el autobús y en las numerosas cajas de zapatos de su vecina del primero. Cuando sus amigos le preguntaban por qué no tenía mamá, ella sin dar más explicaciones contestaba que ésta simplemente se había perdido y luego había tenido que ir a encontrarse.
Años más tarde la realidad golpeó a Lulú como un gran mazo que rasgó definitivamente la venda de ingenuidad con la que había estado protegiéndose todos aquellos años: su madre la había abandonado. A pesar de todo no podía evitar seguir buscando su mirada en los bolsillos de su cazadora, al fondo de los botes de Cola-Cao y entre las páginas de sus libros… Un aciago día de lluvia, finalmente la encontró, los ojos verdes de su madre la observaban desde un charco. Ella sonrío; llevaba años buscando esa mirada.


Mi más sincero agradecimiento a Clara Campoamor por todo lo que hizo por NOSOTRAS.

(78º aniversario de la II República, un recuerdo de algo que pudo terminar de otra manera)