Ahí es Wendy, la segunda estrella a la derecha, volaremos hasta que amanezca.
La primera vez que vi Peter Pan (versionada por Disney cómo no) había nacido ya mi primer hijo. Contemplé alucinada como con unos simples polvitos de hada aquellos niños traviesos se echaban a volar. Wendy, Mikel y John se elevaban emocionados por el nublado cielo londinense acompañados por Peter y Campañilla… Fue entonces cuando recordé algo, los polvos mágicos que a mí me habían hecho volar durante mis años de infancia…este diario, nadie lo leerá nadie jamás, pero si alguna mente malpensada lo hiciera, seguro creería de inmediato que dichos polvos son drogas o algo del estilo… pues no, son polvo de tiza.
Era sólo una niña cuando descubrí que en la bohardilla de la casa de mis abuelos había una enorme pizarra de una tía segunda que había sido maestra en los tiempos de la II República (cuando todavía estaba abierto el colegio). Tenía prohibido subir allí porque según decía mi abuela era peligroso; pero mientras mi abuelo iba al bar a tomar el café y mi abuela se echaba la siesta, yo, subía a hurtadillas por las desvencijadas escaleras y pasaba la tarde curioseando. Aunque debo reconocer que el día que descubrí la pizarra, todos los demás objetos del ático perdieron interés para mí. Aquella pizarra fue testigo de mis primero e inseguros trazos literarios. Las líneas torcidas y desiguales se mezclaban y combinaban en la lisa negrura que, casi olvidada, parecía sorprendida de verme allí, como un preso sin esperanzas amnistiado el día anterior a su ejecución.
Tras el experimento solía borrar las huellas de mi intromisión con las mangas de la camisa o con los flecos de la falda de mi uniforme escolar. Cuando mi abuela, sofocada tras subir el último tramo de escaleras me descubría toda sucia y sonriente, me sacudía enfurecida con aquel paño grisáceo que llevaba siempre colgando del mandil. Para mí aquel polvo que me irritaba los ojos y me resecaba la garganta haciéndome toser, aquel era mi polvo de hadas, el que me hacía volar al país de Nunca Jamás y para vivir alocadas y absurdas aventuras de Indios, Piratas y niños que no querían crecer.
Ese es su propio polvo de hadas... el mío son las sonrisas de mis amigos por la mañana, el olor a chocolate y a crêpes, los besos, las paginas gastadas de los libros de segunda mano, los detalles, la palabra "carcajada", los abrazos y los rumores que dejais los que me leeis.
Y a vosotros, ¿qué os hace volar?
miércoles, 12 de mayo de 2010
Un susurro sobre:
cuentos chinos,
Huídas
lunes, 10 de mayo de 2010
¿y si salto en tus ojos?
Escribe, tacha, escribe, tacha, coge la calculadora, la deja, apoya la mano en el folio, escribe, tacha. Y yo, que no puedo apartar la mirada de sus movimientos…Me tiemblan las piernas, y me baila el alma; a él también le tiemblan las piernas, o quizás solamente las mueve nervioso por su próximo concierto.. who knows?
Y si salto en tus ojos... Salpica?
Y si salto en tus ojos... Salpica?
Un susurro sobre:
Bibliotecas,
el amor,
personas
sábado, 8 de mayo de 2010
Nada.
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil:Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada.
De repente se ilumina la pantalla, no tardas ni medio segundo en acercar el pequeño aparatito a tus ojillos ansiosos y todavía tardas menos en darte cuenta de que no te queda batería… Te levantas y enchufas el móvil al lado de la mesilla frustrada. Vuelves a sentarte e intentas concentrarte en la filosofía de Kant. Entonces te das la vuelta, te levantas otra vez y…
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Te encantaría que sonase, pi-pi, un mensaje. La cancioncilla de Nokia empieza a parecerte pegadiza y original, QUIERES escucharla… incluso te conformarías con las primeras notas: una llamada perdida. Pero nada; hace meses que sólo recibes mensajes de tu compañía telefónica o de tus amigas cuando casualmente tienen saldo. Llamadas muchas, las de tus padres cuando llegas a casa más tarde de lo acordado…
Miras el móvil. NADA.

Últimamente leo a Mafalda antes de irme a dormir, suele sacarme una sonrisa y me ayuda a ver el mes que me espera de forma más positiva. Una semana de clase, mi ULTIMA semana de clase en el instituto y después, exámenes y después Selectividad...
Al menos después, de después, de después, llega el verano! :D
Miras el móvil:Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada .
Miras el móvil: Nada.
De repente se ilumina la pantalla, no tardas ni medio segundo en acercar el pequeño aparatito a tus ojillos ansiosos y todavía tardas menos en darte cuenta de que no te queda batería… Te levantas y enchufas el móvil al lado de la mesilla frustrada. Vuelves a sentarte e intentas concentrarte en la filosofía de Kant. Entonces te das la vuelta, te levantas otra vez y…
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Miras el móvil. Nada
Te encantaría que sonase, pi-pi, un mensaje. La cancioncilla de Nokia empieza a parecerte pegadiza y original, QUIERES escucharla… incluso te conformarías con las primeras notas: una llamada perdida. Pero nada; hace meses que sólo recibes mensajes de tu compañía telefónica o de tus amigas cuando casualmente tienen saldo. Llamadas muchas, las de tus padres cuando llegas a casa más tarde de lo acordado…
Miras el móvil. NADA.

Últimamente leo a Mafalda antes de irme a dormir, suele sacarme una sonrisa y me ayuda a ver el mes que me espera de forma más positiva. Una semana de clase, mi ULTIMA semana de clase en el instituto y después, exámenes y después Selectividad...
Al menos después, de después, de después, llega el verano! :D
Un susurro sobre:
el amor,
mi cabeza y mis sueños
martes, 4 de mayo de 2010
A veces nuestro corazón se rompe sin tocarlo, es tan frágil que un simple estornudo podría deshacerlo en pequeños trocitos. (Yo de momento aguanto la respiración y procuro no pensar demasiado... )
Un susurro sobre:
el amor
lunes, 3 de mayo de 2010
Smile
http://www.youtube.com/watch?v=UHI6Lsxio5I&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=XeCi2S2qA9o&feature=related
Jo, no se subir vídeos desde YouTube... :S
Bueno, espero que dediquéis un ratito a este vídeo porque a mi me dejó con una sonrisa en la cara.. :)
Sean felices, SIEMPRE.
http://www.youtube.com/watch?v=XeCi2S2qA9o&feature=related
Jo, no se subir vídeos desde YouTube... :S
Bueno, espero que dediquéis un ratito a este vídeo porque a mi me dejó con una sonrisa en la cara.. :)
Sean felices, SIEMPRE.
Un susurro sobre:
DON´T WORRY BE HAPPY
sábado, 1 de mayo de 2010
Aquella noche llegó casa con los zapatos de tacón en la mano, las medias rotas y el rímel corrido por las lágrimas. Tras varias intentonas logró atinar con la llave en la cerradura… todavía no se le había pasado la borrachera así que avanzó cautelosa por la cocina, que se balanceaba en su cabeza como un barco velero. Se sentía mareada y tenía nauseas, al entrar al baño a sintió unos agudos pinchazos en los pies descalzos; los restos de su corazón roto se le estaban clavando hasta hacerla sangrar.
-!Mierda! - tenía que recogerlos antes de que sus padres los vieran y empezaran a hacer preguntas… nunca le había gustado hablar de esos temas.
Cogió una escoba y fue arrastrando los fragmentos hasta hacer una montañita en una esquina; entonces, con el recogedor los colocó sobre un pañuelo e hizo un nudo para que no se perdiera ningún trozo.
Se sentó en el suelo y trató de recomponerlo, pero ni el celo, ni las grapas, ni ese famoso súper-pegamento que anunciaban en televisión pudieron hacer nada… cuando intentó coserlo lo único que consiguió fue revivir el sufrimiento del momento con cada puntada. Así que desesperanzada guardó todos los pedazos en una bolsa de basura. No sabía qué hacer. Pensó congelarlo pero nada más abrir la portezuela de la nevera, le dio un escalofrío y no se atrevió; no, ella no sería de esas personas con el corazón frío y sin sentimientos. Entonces salió a la calle y se plantó frente a los contenedores de basura.
-El verde – pensó. Al fin y al cabo era materia orgánica, aunque también con las lágrimas se quedaba arrugado y contrahecho como un cartón viejo…
- Al papel pues, al menos así lo reciclarán y alguien podrá aprovecharlo…
No lo tiraría con los plásticos, su corazón no era de esos con sentimientos sintéticos y plastificados, alguna vez había intentado enlatarlos en envases de Coca-Cola para que no molestaran, pero siempre conseguían escapar.
Estaba de puntillas a punto de arrojarlo al contenedor de papel cuando tuvo una última idea. Subió corriendo las escaleras y lo guardó en una caja de zapatos con agujeritos para que tuviera aire. En la caja metió también las cartas y postales que sus amigos le habían enviado a lo largo de los años, metió los besos y abrazos de sus padres, su pintalabios de la suerte, los piropos más bonitos que conocía escritos en un pañuelito de seda, sus tres libros favoritos y la mejor película de la historia junto con su Mp4. Estuvo alimentando a su corazón roto y enfermo con chocolate y sopitas durante al menos 19 días y 500 noches hasta que un día, de repente, el vacío que sentía en el pecho desapareció. Volvió a sentir el palpitar en las sienes al correr, volvió a escuchar los latidos acelerados cuando tenía un examen, volvió a notar un ligero rubor cuando leía en clase y lo mejor de todo; volvió a sincronizarse con otro corazón.

Y harto de buscarte siempre a oscuras
y de volverme en puro hielo
tiré toda mi vida a la basura,
y ni las ratas se la comieron.
Nadie me persigue pero yo acelero.
Llaman a mi puerta y yo ya a nadie espero.
Pero ¿Dónde están los besos que te debo?
En una cajita;
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.
Y ¿Dónde están los besos que me debes?
en cualquier esquina,
cansados de vivir en tu boquita
siempre a la deriva.
Extremoduro
-!Mierda! - tenía que recogerlos antes de que sus padres los vieran y empezaran a hacer preguntas… nunca le había gustado hablar de esos temas.
Cogió una escoba y fue arrastrando los fragmentos hasta hacer una montañita en una esquina; entonces, con el recogedor los colocó sobre un pañuelo e hizo un nudo para que no se perdiera ningún trozo.
Se sentó en el suelo y trató de recomponerlo, pero ni el celo, ni las grapas, ni ese famoso súper-pegamento que anunciaban en televisión pudieron hacer nada… cuando intentó coserlo lo único que consiguió fue revivir el sufrimiento del momento con cada puntada. Así que desesperanzada guardó todos los pedazos en una bolsa de basura. No sabía qué hacer. Pensó congelarlo pero nada más abrir la portezuela de la nevera, le dio un escalofrío y no se atrevió; no, ella no sería de esas personas con el corazón frío y sin sentimientos. Entonces salió a la calle y se plantó frente a los contenedores de basura.
-El verde – pensó. Al fin y al cabo era materia orgánica, aunque también con las lágrimas se quedaba arrugado y contrahecho como un cartón viejo…
- Al papel pues, al menos así lo reciclarán y alguien podrá aprovecharlo…
No lo tiraría con los plásticos, su corazón no era de esos con sentimientos sintéticos y plastificados, alguna vez había intentado enlatarlos en envases de Coca-Cola para que no molestaran, pero siempre conseguían escapar.
Estaba de puntillas a punto de arrojarlo al contenedor de papel cuando tuvo una última idea. Subió corriendo las escaleras y lo guardó en una caja de zapatos con agujeritos para que tuviera aire. En la caja metió también las cartas y postales que sus amigos le habían enviado a lo largo de los años, metió los besos y abrazos de sus padres, su pintalabios de la suerte, los piropos más bonitos que conocía escritos en un pañuelito de seda, sus tres libros favoritos y la mejor película de la historia junto con su Mp4. Estuvo alimentando a su corazón roto y enfermo con chocolate y sopitas durante al menos 19 días y 500 noches hasta que un día, de repente, el vacío que sentía en el pecho desapareció. Volvió a sentir el palpitar en las sienes al correr, volvió a escuchar los latidos acelerados cuando tenía un examen, volvió a notar un ligero rubor cuando leía en clase y lo mejor de todo; volvió a sincronizarse con otro corazón.

Y harto de buscarte siempre a oscuras
y de volverme en puro hielo
tiré toda mi vida a la basura,
y ni las ratas se la comieron.
Nadie me persigue pero yo acelero.
Llaman a mi puerta y yo ya a nadie espero.
Pero ¿Dónde están los besos que te debo?
En una cajita;
que nunca llevo el corazón encima
por si me lo quitan.
Y ¿Dónde están los besos que me debes?
en cualquier esquina,
cansados de vivir en tu boquita
siempre a la deriva.
Extremoduro
Un susurro sobre:
el amor
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