jueves, 8 de abril de 2010

Castillos en el aire.


Hay veces que deseas tanto algo que te gustaría gritarlo, que todo el universo se enterase… lo curioso es que no lo haces, no lo gritas, pero tampoco lo comentas en bajito con un suave susurro, ni siquiera te permites el lujo de pensarlo. Es contradictorio pero incluso si alguien te preguntase serías capaz de decir con indiferencia que te da igual, que no te importa. Seguramente lo haces para protegerte, para no salir herida, para no crearte expectativas ni falsas ilusiones. Construir castillos en el aire siempre se te dio muy bien, demasiado bien, el problema es que esos castillos se deshacen y se hunden, y tu siempre estas debajo desprotegida. Sin darte cuenta terminas enterrada por kilos de arena de aquellos preciosos y prometedores castillos. Entonces ya no hay nada, te quedas vacía y humillada llena de lágrimas que no sabes dónde poner. Por eso ahora cada vez que ves que en tu corazón crece un nuevo castillo tu mente, veloz, se esfuerza por destrozarlo antes de que se haga grande y duela.

miércoles, 7 de abril de 2010

Mar.

Un paso tras otro, sin prisa, observando cómo sus pequeños pies se hundían poco a poco en la arena. Le encantaba mirarla caminar por la playa. La suave brisa marina le desordenaba la larga melena castaña. Ella avanzaba seria, pero si prestaba atención podía distinguir esa sonrisa juguetona que escondía tras los grandes ojos verdes. No andaba, se deslizaba hacia el agua despacio y con decisión. Iba con calma, disfrutando a cada paso de la suavidad de la arena, notando cada minúsculo grano colarse entre los dedos y hacerle cosquillas.
Llevaba puesto el vestido que él le regaló. Era blanco y largo, de una tela semitransparente que él jamás habría sabido identificar. Unos finos tirantes le dejaban sus hombros al aire, que tras todo el verano parecía que reflejaban la luz del Sol en forma de destellos dorados.
Las olas la hacían moverse de un modo gracioso para mantener el equilibrio, como si se tratase de una curiosa danza entre la naturaleza y ella. Alguna que otra ráfaga de aire le levantaba el vestido hasta los muslos, pero ella lo sujetaba con un sencillo gesto consciente de que él la estaba observando. Entonces se giraba y él comprobaba tristemente que sus ojos se habían vuelto más oscuros, casi azules, del mismo color que el mar que se extendía rabioso ante ellos. Entonces sabía que jamás sería suya, ella siempre pertenecería al mar. Cerraba los ojos y suspiraba. Al abrirlos de nuevo ella ya no estaba allí. Solo el vestido blanco arrugado en el suelo lo acompañaría de nuevo en su rutinaria vida. Con el envolvería ahora todos los pedazos de su corazón, para mantener unidas las partes y evitar así que se perdieran en el mar para siempre
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ME SIENTO, mar, a oírte.
¿Te sentarás tú, mar, para escucharme?


Rafael Alberti

martes, 6 de abril de 2010

Sonidos de locomotora.


Viajar en tren me incita a escuchar a Sabina. En cuanto la locomotora arranca comienza la canción, cuando era más joven viajé en sucios trenes que iban hacia el Norte…Me encanta viajar en tren, las vías son la gran metáfora de la vida; caminos para elegir, ciudades que dejar atrás y nuevos lugares para descubrir. Mi cara reflejada en el cristal parece que se funde con los infinitos paisajes que pasan por mis ojos como en un antiguo proyector de cine. Hoy no hace viento y las espigas de trigo esperan pacientes a que una suave brisa las haga bailar al ritmo del rock´n´roll de los idiotas. El tren es como una enorme burbuja transparente que rueda entre viejas fábricas abandonadas y exuberantes mansiones, sin importarle el origen de los que viven o vivieron allí. También pasa frente a antiguas estaciones de ferrocarril, algunas semiderruidas que jamás llegaron a utilizarse, por ahí también pasa, pero pasa de largo, con arrogancia, como si nunca debiesen haber sido construidas.…
El tren es también un lugar de huída, de cambios y sobretodo de aventuras… cargamentos de provisiones, hornadas de soldados camino de una guerra sin sentido, enamorados en una apasionada huída, solitarios persiguiendo sus sueños alocados y multitud de gente con una historia particular han circulado entre el traqueteo de estas mismas vías que ahora me llevan a mi hacia una nueva aventura.


Cuando era más joven viajé en sucios trenes que iban hacia el norte
Y dormí con chicas que lo hacían con hombres por primera vez,
Compraba salchichas y olvidaba luego pagar el importe.
Cuando era más joven me he visto esposado delante del juez.
Cuando era más joven cambiaba de nombre en cada aduana,
Cambiaba de casa, cambiaba de oficio, cambiaba de amor,
Mañana era nunca y nunca llegaba pasado mañana,
Sabina

lunes, 5 de abril de 2010

Quiero besarte.

Un beso robado, uno diferente cada noche. Da igual de quien, a ella todos le sabían a él. Cerraba los ojos y sentía el cosquilleo de su barba mal afeitada, su olor, absorbía su olor como si lo necesitara más que el oxígeno para vivir. Hubo un tiempo en el que tuvo principios, ahora ella era una chica diferente, habían pasado demasiadas cosas. No le importaba quién fuera, ni cómo, solo quería sentir unos labios junto a los suyos, aunque sabía que ningún otro beso le daría tanto calor como los que él le regalaba. Había algunas de aquellas sombras sin nombre ni rostro que intentaba levantarle la falda, entonces ella los miraba sorprendida, incapaz de concebir la idea de que otro que no fuese él la tocara. Recordaba con viveza aquellas tardes de verano en las que sus respiraciones se acompasaban, sus corazones se unificaban en un mismo latido y ambos se movían al ritmo de las olas del mar… Por él, por él se ponía cada noche los tacones en busca de besos robados, esperando que algún día apareciese con su sonrisa grande y se la llevase se allí.



Si la vida se deja yo le meto mano
y si no aún me excita mi oficio,
y como además sale gratis soñar
y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas,
a probarme otros nombres,


Fotográfa: A´ :)

viernes, 2 de abril de 2010

Atardecer...

Caminando por el paseo marítimo miro la puesta de Sol, reflejos plateados perfilan el borde de la costa. Sin saber porqué me encuentro buscando a alguien a quien coger de la mano, no encuentro a nadie y meto las manos en los bolsillos de mis vaqueros, antes de que nadie aprecie ese mínimo gesto de mis dedos en busca de ti. Levanto la mirada y solo soy capaz de ver parejas que disfrutan de una tarde romántica paseando por la playa. Manos en la cintura, sonrisas coquetas, besos discretos o besos más apasionados, abrazos y caricias distraen mi atención del liso horizonte. Es curioso como cuando una está sola presta más atención a las demás parejas, parece que haya infinitas y por todas partes… yo prefiero pensar que hay más por la primavera. El caso es que todavía no he visto ninguna familia ni grupo de amigos, solo las ya nombradas “parejas felices”. Es alucinante pensar como hace poco menos de un siglo no se podía casi ni andar por la calle de la mano… yo creo que eso era porque “los que mandaban” estaban solos y no querían tener celos ni necesidad de una mano a la que agrarrarse.

29.Marzo, San Sebastián


http://www.youtube.com/watch?v=fQ5f3VspUUQ
A veces, aunque parecía imposible las cosas salen bien. Incluso mejor de lo planeado. Son pocas veces, así que disfrutémoslas.

Enjoy every moment

A un beso tuyo lo llaman ruina...