martes, 22 de octubre de 2013

Los murmullos

  Cae la noche y el murmullo se da la vuelta tranquilamente; todavía quiere disfrutar, un poco más, de ese sueño profundo que lo atrapa. Otro murmullo, más pequeño y juguetón, se le acerca y le hace cosquillas en las patas con la húmeda punta de su hocico; no sabe que el dormilón todavía se recupera de una larga noche de confesiones y alcohol. El resto de murmullos también parece ir despertando poco a poco con la llegada de la tranquilidad y la oscuridad nocturnas.

  Los murmullos son así, noctámbulos, discretos y confiados. Aparecen, sobre todo, en las noches de luna llena, cuando piensan ingenuamente que sólo ellos están despiertos. Los murmullos son diminutos y regordetes, cubiertos de pelo suave y sedoso, se encuentran  protegidos, además, por un duro caparazón oscuro que los hace capaces de pasar desapercibidos para todo aquel que desconozca su existencia.

  Estos pequeños seres acostumbran a huir de las zonas más abarrotadas y prefieren acurrucarse cómodamente en lugares cálidos y mullidos durante las horas más ruidosas del día. Sólo por la noche los murmullos se arman de valor para salir a cazar secretos, susurros y besos lanzados al aire.  Son grandes expertos en camuflaje, sin embargo, algunas noches algunos paseantes de la zona admiten haber escuchado sonidos extraños, silbidos y voces. Ellos piensan que son espíritus, los más escépticos, que son jóvenes que encuentran entre el follaje el escondite perfecto y sólo los más soñadores pueden ver que aquel lejano sonido es, tal vez, un joven murmullo perdido. 

(Inspirado en locas ideas de A y A)

"Voy a ser terriblemente cruel para que no pierda la tensión, tal vez la historia se me fue de las manos. 
Voy a ser terriblemente fiel cuando se te pase la emoción, ya se, te puede parecer demasiado."

domingo, 21 de julio de 2013

Lloras

Te raja. Te duele. Te rompe. Te rompes. Y nadie sabe. Nadie entiende. Y arrancas las fotos. Las chinchetas se clavan en todas partes. Quemas los sueños. Y aún así no lo veías. Pasó el tiempo y no lo veías. Y de golpe duele más. Y dejarás de mentir. Confesarás que fue mal. Que todo fue mal. Que tanta tinta para tan poca pluma, que tanto dolor para un triste y simple adiós. Que tú lo inventaste a él y nadie te supo avisar. Que nadie fue valiente y que todos sonreíamos. Que a la que más le importa nadie le pregunta. Y lloran las nubes. Lloran porque aquí siempre llueve.

Y ellos no entenderán porque nunca supieron leer. Porque siempre hubo cosas fuera de su alcance. Fuera de sí. Fuera de todo y tal vez, demasiado adentro. Y el temblor es demasiado fuerte y ya todo da igual. Porque tonto el último y nadie quiere ser el primero.  Porque hay que saber acariciar y conocer y eso, a veces, cuesta. Y a veces el celuloide arde y sólo queda el abrazo y la lágrima.


¿La culpa? Tanta soledad y tantas noches de invierno. Tanto frío y tanta falda. Sólo dolor y ganas de romper. Romper con todo y no romper a nadie. Un laberinto sin gravedad demasiado enredado para encontrar la salida. Y aún así, ellos sonreirán atrapados.
Y tú.
Lloras.

martes, 4 de junio de 2013

De puntos y mayúsculas

¿Y si esto terminara con mayúsculas y lo que tenga que venir que empieza por punto? La gramática de estos paisajes parece mareada y loca.  En esta eterna  víspera de sol y despedida, las palabras familia y echar de menos adquieren nuevos significados. Si alguien pregunta, hemos ganado. Sólo fuimos unos proyectos perdidos que se encontraron en la cocina roja. Tan diferentes que ni nos dimos cuenta del paso del invierno. No resguardamos bajo la lluvia y volamos en el prematuro amanecer de este Norte. Ahora que se cierra este paréntesis nos preguntamos si habrá más referencias a lo largo del libro. Buscamos desesperados un lugar en el que congelar nuestros recuerdos y ruedas nuevas para seguir quemando carreteras juntos. Las estaciones de tren ya lloran preguntándose qué fue de un año de miedos, amor, amistad y magia. Y hoy, aquí, ha salido el Sol.


lunes, 29 de abril de 2013

Primer amor


No hubo peor desengaño para aquel esbozo que el de  percatarse de que la bandera de cinismo que enarbolaba con descaro y orgulloso regocijo parecía, de repente, no haber estado jamás allí. Tampoco había ya ni rastro del nihilismo con el que había tejido afanosamente aquel estandarte. Solamente pudo localizar unas colillas aplastadas y mugrientas, un triste recuerdo de aquella chispeante ironía con la que solía disfrazarse en los bailes de postín.
En un instante el Callejón del Gato le había sacudido la realidad encima: sin espada y ni rodela tenía aquel pequeño ser que enfrentar la caída, el vacío y el vértigo. Se preguntó cómo podría ser pájaro y jaula, rama y raíz o alas y abrazo al mismo tiempo.
Sin darse cuenta, se había encontrado desnuda y vulnerable en medio de aquel vendaval. Seducida y encandilada por aquel paisaje escarpado se sentía groseramente atraída por una vorágine de aguijones, espinas y puntas que amenazaban, a su vez, con despedazar y aniquilar cada uno de sus designios.
Aún aturdida y perpleja resolvió coger una pluma y suministrar, ella misma, el primer pinchazo. Sangre y tinta se fundieron en un humor oscuro y denso que resbaló por su piel hasta trazar en el suelo, con diestra caligrafía, su primer amor.



Alter Botanischer Garten, Hamburg 2013

domingo, 10 de marzo de 2013

Distopía de invierno

  Noche cerrada y piernas abiertas para los danzantes. Todo está dispuesto y Caravaggio ilumina la escena. La incandescencia errática de los protagonistas los conduce por el barroco escenario. Los dos, adolecidos de malformaciones románticas y sintaxis infecciosa, no se hallarán en el guión hasta el final del primer acto.  Aquella modélica utopía, imbuida por un derroche de juventud, distorsiona  los méritos al transformarse en una cruda pesadilla invernal.
  Nadie parece percatarse. Sólo la Luna, impávida, se despide desde su cuna, de un tren que hoy arrastra un vagón de menos. Estanterías llenas de vida llenan las vidas y letras de los paseantes del puerto mientras allí, en el teatro, nadie parece entender lo que es el amor. Frío y rabia empapan las sábanas de insatisfacción y salpican a la audiencia. Patrick   Bateman folla frente al espejo y se sonríe.
   Eso sí, cuando se descruzen los caminos no habrá abrazos para nadie. El fundamentalismo de los guapos amenaza en antena y ataca en cada esquina. Lujo y lujuria son palabras sospechosamente parecidas. Y en mi utopía cada un llevaba un libro bajo la sonrisa. 


Aquella tarde el Sol quemaba hasta las fotos.