jueves, 30 de diciembre de 2010

Caperucita durmiente II

Caperucita durmiente trabajaba como escuchacuentos .Pasaba horas y horas escuchando… conversaciones privadas en el transporte público, cotilleos de las vecinas por el patio de tender o incluso colándose en el despacho de algún psicólogo despistado.

[...]. Montones de estanterías llenas de libros se agolpaban entre aquellas sagradas paredes, allí nadie hablaba pero cada uno se contaba su propio cuento en silencio...


[...] Aquel día renunció al trabajo y se instaló en la biblioteca. Allí, entre dos cuentos titulados: “La bella durmiente” y “Caperucita roja” conseguía dormir calentita y en paz.

Pobre Caperucita Roja... ¿Quién no se fiaría de un dulce lobito?- Pensaba a menudo Caperucita durmiente en sus sueños.



 PD: Espero que os gusten estas fotos, son mis primeros experimentos con mi nueva cámara ^^

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Caperucita durmiente

Caperucita durmiente nada sabía de lobos, príncipes ni agujas. Ella era una niña normal; dormilona, friolera, sonriente, tímida, coquetona y saltarina. Con tres años de edad comenzó a trabajar como cuentacuentos en cimas de montaña y paradas de autobús. La niña sin embargo era inconstante y en ciertos momentos dejaba de narrar la historia en voz alta y la contaba tan bajito que sólo se escuchaba dentro de su caperuza. Por este motivo -y otros tantos que no vienen al caso- la niña terminó especializándose en la difícil tarea de escuchacuentos. Pasaba horas y horas escuchando… conversaciones privadas en el transporte público, cotilleos de las vecinas por el patio de tender o incluso colándose en el despacho de algún psicólogo despistado.


Con el tiempo se le cansaron las orejas de tanto escuchar así que cuando no tenía que trabajar procuraba esconderse en sitios silenciosos para echarse la siesta. Durante meses ocupó hospitales, bosques, callejones oscuros y en ocasiones hasta algún balneario para jubilados; pero las palabras seguían resonando en su cabeza. Además, en estos sitios, se aburría escandalosamente.

Un día, por casualidad, mientras seguía a una pareja de adolescentes que discutía acaloradamente llegó a un nuevo espacio-silencio (así los llamaba ella). Montones de estanterías llenas de libros se agolpaban entre aquellas sagradas paredes, allí nadie hablaba pero cada uno se contaba su propio cuento en silencio. Aquel día renunció al trabajo y se instaló en la biblioteca. Allí, entre dos cuentos titulados: “La bella durmiente” y “Caperucita roja” conseguía dormir calentita y en paz.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Muñequita helada

Terminaba sus días contando estrellas en el ático para no pensar en problemas. En invierno, cuando todos dormían, se iba de casa a hurtadillas (que bonita palabra, por cierto) y envuelta con aquella suave mantita morada salía por la portezuela que daba al tejado. Se sentaba en una desvencijada hamaca, la que utilizaba la vecina del 5ª para tomar el sol en verano, y contaba estrellas hasta caer dormida. Cuando al amanecer se despertaba tiritando y medio congelada se ponía a llorar de frío y angustia. Las lágrimas a veces se resbalaban hasta empapar su bufanda de rayas y otras simplemente se acomodaban en sus pálidos carrillos y quedaban ahí: sólidas y heladas. Cuando sus padres se despertaban subían rápidamente a por ella, no podían evitar sin embargo que saliese noche tras noche. Todo terminó aquel día que el despertador no sonó y ella se convirtió poco a poco en un bello muñeco de nieve.


domingo, 26 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Se permitió disfrutar unos segundos más del arrollador chorro que salía por la alcachofa de la ducha. Unas últimas gotas recorrieron su empapado cuerpo hasta los pies. Salió del diminuto cubículo con cuidado para no resbalar y se cubrió con su enorme toalla. El vapor había hecho reaparecer en el espejo aquellos mensajes que escribieron juntos la semana anterior, antes de que él decidiera que tras dos años de noviazgos todavía no estaba preparado para una relación seria. Monique salió del baño descalza, dejando el rastro de sus pequeños pies, todavía húmedos, sobre las frías baldosas negras. Una vez en su habitación se aseguró de que se vecino, un joven obsesionado con la astronomía, la observaba con su telescopio. Se acercó al tocador se pintó los labios de color rojo y se acercó a la ventana. Poco a poco fue dejando caer la toalla hasta quedar totalmente desnuda y a la vista del “espía”. “Feliz Navidad” murmuró en voz baja divertida.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Espíritu navideño.

Debo reconocer que me siento bastante frustrada y decepcionada. Tras años y años siendo testigo de la emisión repetida de los mismos anuncios al menos esperaba un sencillo “Vuelve a casa vuelveeeee… por Navidadaaaad…” cuando mi madre me vino a buscar a la estación de tren. Y es que la consabida musiquilla tampoco sonó cuando entramos en casa y mi padre nos esperaba (sonriente, eso sí) al otro lado de la puerta. Debo reconocer, sin embargo, que no es mi primer desengaño publicitario ya que yo era de las que cada curso esperaba que, como en el caso del turrón de este año, El Corte Inglés me animara la entrada al colegio en septiembre con aquel típico “ Volver a empezaaaaar otra vez, pa pa pa papara, volver a estrenaaaaaar zapatos y librooosss….”.En fin, debo admitir que por este, y por otros pequeños detalles, mi “espíritu navideño” se está esfumando entre espumillones raídos y luces chirriantes.


Resulta que a pesar de no ser creyente ni practicante de ninguna religión (mucho menos la católica) soy yo la encargada de decorar la casa con los adornos típicos de estas fechas “tan señaladas”. Supongo que será porque me recuerda a mi infancia y porque en el fondo me gusta seguir creyendo en historietas de magia y novelillas… El caso es que este año me ha supuesto mucho esfuerzo controlar mis ansias de colocar al herrero en el portal y es que, al fin y al cabo, los empresarios son los más admirados por todos hoy en día. También me ha parecido apropiado poner al niño Jesús en el riachuelo (en plan nadador precoz) y a los camellos traficando con la castañera. Supongo que la mirada indiferente de mi abuelo desde el sofá me ha convencido para ponerlo todo en su sitio, siguiendo la tradición, como siempre. Tal vez al año que viene haya más suerte y me sienta más libre para representar mi propio best seller en esa escenografía; al fin y al cabo la Biblia ya tiene unos cuantos añitos y está algo pasada de moda.





domingo, 19 de diciembre de 2010

Madrid...

Haciendo un balance de esta semana solamente puedo llegar a la conclusión de que Madrid es una ciudad llena de sorpresas… El martes fui a un interesante debate sobre el fenómeno mediático wikileaks en el que participaron personalidades bastante importantes en el mundo del periodismo y después tomé un bocadillo rápido en el bar más castizo de los alrededores de Atocha. A modo de improvisación continuamos la noche en Huertas, una zona de bares en la que estuvimos hasta bien entrada la madrugada (¡un martes!), y tras perder varios autobuses nocturnos, y buscar cajeros desesperadamente conseguí volver a mi residencia acompañada por una chica de mi clase y dos nuevos amigos.


El miércoles (con sólo 3horas de sueño a mis espaldas) hice con mi clase una divertida (y heladora) comida en una terraza de la calle Montera. Tras la comida, que trascurrió observando el funcionamiento del negocio de la prostitución en esa calle, me di de morros con la inauguración de una tienda de Pull and Bear en la Gran Vía… Además de la cantidad de expertos en moda y algún diseñador famoso al que había oído mencionar en contadas ocasiones lo que más me impresionó fue que regalasen copas de vodka y piruletas. Y es que sí, yo era de ese grupo de Facebook que dice que en cuanto entras a Bershka te dan ganas de pedirte un cubata… en fin, ¡la vida y sus casualidades! Esa noche, tras una sencilla cena de navidad con los amigos de la Residencia volví a salir. Esta vez planificando una noche tranquila que, como no podía ser de otra manera, nos llevó a un bar-discoteca lleno de estudiantes Erasmus que disfrutaban de su momento de máxima locura juvenil. Cuando les contaba todo esto a mis amigas no pude evitar decir: “Vaya fin de semana me he pegado”.

Mis-amigas-que-simpáticas-ellas-que-me-devuelven-a-la-realidad me dijeron “I. hoy es viernes, el fin de semana empieza hoy.”