lunes, 3 de enero de 2011

Miradas que atrapan.

Con los ojos cerrados muy fuerte Valentine latía su corazón y soñaba sus fantasías. Se perdían y se encontraban juntos entre las sábanas. Rasgaban las sombras del rincón con sus besos y rozaban los cuatro elementos a gritos. Se querían. Se querían saborear, derretir y fundir. Allí todo parecía eterno, perfecto, ABSOLUTO. Pero lo absoluto no existe, todo es etéreo e inestable. Por eso fue inevitable. El día que Valentine lo miró y se zambulló en sus ojos se ahogó sin remedio. Quedo entonces atrapada en su mirada para siempre.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz año NUEVO

Cuando el año pasado por estas msimas fechas tanta gente me dijo" ¡Feliz año nuevo!" no imaginé que sería tan NUEVO ni tan FELIZ. Ha habido momentos buenos y malos pero el balance es claramente positivo. Un final de curso bastante estresante no ha podido con los buenos recuerdos que guardo del instituto. El verano, lleno de incógnitas y angustia pero también de viajes, fiestas y momentos geniales. Y estos últimos meses ¿que decir? eso ha sido lo relamente NUEVO.
GRACIAS a todos los que han compartido conmigo este gran año, viejos y nuevos amigos, familiares y hasta a al gente que me cruzo por la calle y a la que no dedico más de 3 segundos. A todos MUCHAS GRACIAS Y FELIZ 2011!!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Caperucita durmiente II

Caperucita durmiente trabajaba como escuchacuentos .Pasaba horas y horas escuchando… conversaciones privadas en el transporte público, cotilleos de las vecinas por el patio de tender o incluso colándose en el despacho de algún psicólogo despistado.

[...]. Montones de estanterías llenas de libros se agolpaban entre aquellas sagradas paredes, allí nadie hablaba pero cada uno se contaba su propio cuento en silencio...


[...] Aquel día renunció al trabajo y se instaló en la biblioteca. Allí, entre dos cuentos titulados: “La bella durmiente” y “Caperucita roja” conseguía dormir calentita y en paz.

Pobre Caperucita Roja... ¿Quién no se fiaría de un dulce lobito?- Pensaba a menudo Caperucita durmiente en sus sueños.



 PD: Espero que os gusten estas fotos, son mis primeros experimentos con mi nueva cámara ^^

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Caperucita durmiente

Caperucita durmiente nada sabía de lobos, príncipes ni agujas. Ella era una niña normal; dormilona, friolera, sonriente, tímida, coquetona y saltarina. Con tres años de edad comenzó a trabajar como cuentacuentos en cimas de montaña y paradas de autobús. La niña sin embargo era inconstante y en ciertos momentos dejaba de narrar la historia en voz alta y la contaba tan bajito que sólo se escuchaba dentro de su caperuza. Por este motivo -y otros tantos que no vienen al caso- la niña terminó especializándose en la difícil tarea de escuchacuentos. Pasaba horas y horas escuchando… conversaciones privadas en el transporte público, cotilleos de las vecinas por el patio de tender o incluso colándose en el despacho de algún psicólogo despistado.


Con el tiempo se le cansaron las orejas de tanto escuchar así que cuando no tenía que trabajar procuraba esconderse en sitios silenciosos para echarse la siesta. Durante meses ocupó hospitales, bosques, callejones oscuros y en ocasiones hasta algún balneario para jubilados; pero las palabras seguían resonando en su cabeza. Además, en estos sitios, se aburría escandalosamente.

Un día, por casualidad, mientras seguía a una pareja de adolescentes que discutía acaloradamente llegó a un nuevo espacio-silencio (así los llamaba ella). Montones de estanterías llenas de libros se agolpaban entre aquellas sagradas paredes, allí nadie hablaba pero cada uno se contaba su propio cuento en silencio. Aquel día renunció al trabajo y se instaló en la biblioteca. Allí, entre dos cuentos titulados: “La bella durmiente” y “Caperucita roja” conseguía dormir calentita y en paz.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Muñequita helada

Terminaba sus días contando estrellas en el ático para no pensar en problemas. En invierno, cuando todos dormían, se iba de casa a hurtadillas (que bonita palabra, por cierto) y envuelta con aquella suave mantita morada salía por la portezuela que daba al tejado. Se sentaba en una desvencijada hamaca, la que utilizaba la vecina del 5ª para tomar el sol en verano, y contaba estrellas hasta caer dormida. Cuando al amanecer se despertaba tiritando y medio congelada se ponía a llorar de frío y angustia. Las lágrimas a veces se resbalaban hasta empapar su bufanda de rayas y otras simplemente se acomodaban en sus pálidos carrillos y quedaban ahí: sólidas y heladas. Cuando sus padres se despertaban subían rápidamente a por ella, no podían evitar sin embargo que saliese noche tras noche. Todo terminó aquel día que el despertador no sonó y ella se convirtió poco a poco en un bello muñeco de nieve.