lunes, 14 de febrero de 2011

- Imagínatelo


- Sería genial

- Tú…

- …contigo

- En una habitación enorme.

- Blanca.

- Eso es. Paredes blancas y diáfanas

- Y las sabanas también blancas.

- Y nada más

- Tú…

- Y tú.

- Los dos desnudos todo el día

- Sí…

- Escribiría poemas en tu espalda…

- Con aquella pluma que compramos en Londres

- Por todo el cuerpo… te llenaría de palabras, de ideas y de sueños de amor.

- Yo dibujaría tus curvas con la lengua y te borraría las dudas y los miedos.

- ¿Todos?

- Todos

- Recorreríamos juntos los pliegues de las sabanas y cantaríamos de felicidad.

- Me encantaría llorar contigo y mezclar mis lágrimas enamoradas con tu sudor.

- Tu aliento con sabor a ron con miel sería suave como las rosas

- ¡Eso es! Rosas, tendríamos todo lleno de rosas…

- Pétalos rojos, suaves y sin espinas.

- Sería genial

- Lo sería

- Te quiero

- Yo también te quiero

- Voy a echarte de menos

- Sería bonito un amor así

- Sería un sueño

- Me voy a trabajar

- Compra tinta para la pluma de camino.



sábado, 12 de febrero de 2011

SECRETO

- ¿Te ha visto alguien?


- Sí, me han preguntado, pero les he dicho que ya me iba a casa.

- ¿Deberíamos contárselo?

- Tal vez… aunque no me gustaría hacerle daño a nadie.

- Ya…

Él la besó suavemente aspirando esas últimas palabras. Qué importaban los demás. ¿Qué les iban a decir?... ¿les contarían lo de los besos? ¿Lo de los paseos? Tal vez entonces deberían buscarle un nombre a todo aquello. No. Era mucho mejor así.

Dejarse llevar suena demasiado bien…

miércoles, 2 de febrero de 2011

Sobre ruedas.

Cuando llega a Sol ya es casi de noche. Mira el reloj; cinco minutos antes de tiempo, sorprendente. Busca la estatua, se acerca y comprueba que todavía no hay nadie.


Pasea, piensa, cambia el peso de un pie a otro, mira el reloj, observa a los viandantes… espera. Hace mucho frío. El ambiente helador y el aburrimiento hacen que centre su atención en la actuación callejera más próxima. Tres chavales patinan sorteando unos pequeños conos de colores justo al lado de la fuente.

Es mágico, narcotizante. Él se toca el pelo, se coloca los pequeños cascos en los oídos, respira hondo y se inclina ligeramente hacia delante. Empieza el baile. Sus pies se mueven a gran velocidad siguiendo un ritmo y un compás desconocidos capaces de hipnotizarla. Ella se pregunta que estará escuchando… ¿Rock and roll? ¿Pop? ¿Música clásica tal vez? Su cuerpo gira, acelera, frena, sube, baja y se dobla sin el menor esfuerzo. Como si fuera de plastilina sus piernas de derriten y sus ruedas dibujas espirales y curvas sobre el frío suelo; todo resultado de ese trepidante ballet urbano. Sólo al terminar se aprecia un suave resoplido al ajustarse la camisa de cuadros rojos, blancos y azules que a ella tanto le gusta. Entonces él la mira, y ella rápidamente baja la vista y analiza las fascinantes baldosas del suelo madrileño. El juego continúa durante un largo rato. Ella alterna las miradas al reloj y al patinador a partes iguales, sus amigos todavía no han llegado. El ritmo frenético no disminuye, los chicos bromean y se arriesgan con distintas piruetas. Una caída. Una mirada. No importa, se levanta y vuelve a la pista.

Ella, apoyada en una farola cierra los ojos…

Se escucha una sirena de policía. Los chicos, alerta, frenan su actividad de golpe y se precipitan hacia sus mochilas para cambiarse de calzado y huir. No tienen permiso para estar allí… “No estábamos pidiendo dinero” dirán, pero de todas forman prefieren no tratar con policías. Los conos en la mochila, ellos calzados y de repente llega un coche con sirena. Guardan lo que queda precipitadamente y desaparecen mezclándose con la multitud que fluye por la calle Preciados.


Sólo ella se fija. Un patín ha quedado olvidado junto al bordillo. SU PATÍN. Se acerca cautelosa y lo coge. Un nombre y un apellido están grabados a navaja en el plástico desgastado. Lo encontrará, y como una Cenicienta posmoderna le probará el patín; sólo el chico de sus sueños sabrá utilizarlo para volar.


… vuelve a abrir los ojos. Ya han pasado cuarenta minutos, los turistas se giran al pasar para ver a los intrépidos patinadores. Ella maldice soñar despierta tan a menudo. De la boca del metro salen sus amigos y un montón de excusas por el retraso. Saludos, besos, “perdón por el retraso”, “hay que frío”, “¡qué guapa!”, “Adonde vamos ahora”… Y al irse, ella se gira, él se gira. Una sencilla sonrisa como despedida y en agradecimiento por compartir esos cuarenta minutos de retraso, baile, velocidad y miradas.





Lo mejor del Sol el brillo de la Luna _____ SÓLO CORAZÓN

 (Fito & los fitipaldis)

miércoles, 19 de enero de 2011

FIN!

Ya he terminado los exámenes... Por fin ha terminado la época de cafés, bibliotecas, estrés, angustia y aburrimiento. Y mañana... A CERDEÑA! :)

Feliz semana a todos!

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Lo mejor del Sol el brillo de la Luna...

SOLO CORAZÓN

Fito & los Fitipaldis.

miércoles, 5 de enero de 2011

Peca, Gota.

Con los labios amoratados por el frío y las mejillas sonrosadas la niña Totó no dejaba de sonreír. Corría bajo la lluvia como si esa fuera su verdadera naturaleza. Era extraño verla correr por aquella parte de la ciudad. Los edificios, antes grises y descascarillados, parecía que se limpiaban con esa milagrosa lluvia. Hasta entonces yo no creía en milagros… ¡pero hacía tanto que no llovía por estas tierras! Incluso los árboles habían desaparecido y apenas quedaba gente en el barrio.


Al mirarla a la cara no pude evitar fijarme en las gotas que se resbalaban por sus mofletitos regordetes. Por cada peca, una gota. Peca, gota. Peca, gota. Peca, gota... Y ella, ajena al mundo que la rodeaba, sólo era capaz de escuchar el sonido de la naturaleza al chocar contra el suelo de asfalto…

Tras la lluvia, llegó el Sol y también el arcoíris; con él, el color; y con el color, la gente perdió, por fin, el miedo a salir a la calle. Los restos de la guerra se deshicieron por las alcantarillas. Se disolvieron en aquel mágico elixir que lloraban las nubes. Todo el mundo cantaba y reía. Lo celebraban.

Y yo, mientras tanto, desde detrás de mi ventana sólo podía pensar, hipnotizado, en la inocente niña Totó y en aquel rítmico “Peca, gota. Peca, gota. Peca, gota…”

martes, 4 de enero de 2011

Desorden

Los principios, en el estante de arriba, al lado de los finales y los medios. Las ideas, todas mezcladas en el viejo baúl de cobre; las buenas, las malas y las pasajeras todas ahí revueltas. Los cuentos y relatos, todos deshilachados con las palabras colgando e incluso alguna letra perdida. La ilusión, coja de una pata, era demasiado inestable para apoyarse en ella y la memoria, perdida y olvidada bajo un enorme montón de nada, hacía milenios que no se utilizaba. Las fotografías de la pared, las de los paisajes, las sonrisas y los besos habían perdido el color original y eran apenas un esbozo de lo que fueron. La maleta de los viajes había perdido un ala y estaba llena de polvo y telarañas. Las lágrimas y las carcajadas acompañaban el chirrido de la astillada puerta, tan mezcladas que era imposible distinguir un sonido de otro…


Todo era un desastre hasta que llegó ella. Rompió los postigos de la ventana para que volviera a entrar la luz, sacó una escoba y la obligó a dejarlo todo limpio y ordenado. Todo como en sus mejores años. Llegó a tiempo; justo antes de que ella misma se perdiera entre tanta duda.

Canon 1000D