domingo, 25 de septiembre de 2011

Yo prefiero la Luna

Me siento cobarde,
me quiero valiente
Tenerte a mi lado
sintiéndote ausente.

Querer volar alto,
por ser imposible.
Si tu das un salto,
no puedo seguirte.

Pensar(te) con mis ojos
sin siquiera mirar(te)
o inventarme que existes
sin poder tocarte.

Soñando con cuentos
me perdí en tu laberinto
de montruos violentos
de brujas sin instinto…

Subimos al cielo
desde aquella laguna:
tocaste una estrella,
yo, prefería la luna.

En estos asuntos
no hay sustitutos
O sientes, o siento
No hay más minutos

Obviando pasiones,
avanzamos distinto
Tomar decisiones
no es solo de instinto.

¿Cortarse las alas?
¿Volar los dos juntos?
¿Despedirse a las malas?
Prever el futuro...




lunes, 19 de septiembre de 2011

Marlene tenía nombre de estrella de cine.

Marlene tenía nombre de estrella de cine. Desde pequeña le habían dicho que valía para las tablas, que tenía estrella y que sin duda terminaría siendo alguien en el mundo de la farándula. Ella, inocente como era, los había creído a todos y había ido alimentando sus sueños y construyendo castillos sobre aquellas promesas y profecías de los que creían conocerla a ella y a su destino. La vida, sin embargo, no siempre sucede como a una le gustaría y Marlene había visto blanquear sus cabellos sin avanzar más allá del patio de butacas.


Ahora ya, esperando deslizarse hacia el fin de sus días, Marlene sentía la necesidad de vivir en aquellos castillos. Resultaba sorprendente que tras tantos fracasos y frustraciones todas sus ensoñaciones siguieran ahí, más definidas y esperanzadoras que nunca.

Todas las mañanas Marlene se levantaba temprano, arreglaba su casa, cocinaba y limpiaba las dos habitaciones que tenía alquiladas a un par de estudiantes de medicina. Después, se vestía con aquel vestido de bailar tangos que había comprado hacía años en el mercadillo de los miércoles, se pintaba los labios de color rojo y se perfilaba los ojos con carboncillo como su madre le había enseñado. Se recogía el pelo en un moño apretado y se calzaba sus zapatos de salón. Estaba realmente orgullosa de aquellos zapatos de baile, eran de color negro brillante y con una gruesa hebilla plateada la ayudaban a mantenerse sobre los anchos tacones. Eran lo primero que había comprado con su sueldo de limpiadora, allá por 1945, después de varios meses ahorrando y privándose de otros pequeños caprichos.

Después, salía a la calle y se pavoneaba por las empedradas calles de Aix les Bains camino del quiosco. Allí compraba el periódico y aunque nunca lo leía, pues hablaba de la realidad y hacía tiempo que a Marlene había dejado de interesarle, le gustaba el aspecto entendido que le otorgaba. Con los papeles bajo el brazo volvía a casa, se sentaba en su vieja butaca frente a la ventana y esperaba inmóvil hasta las siete menos veinte. A esa hora se ponía de pie y recorría con calma los diez minutos que separaban su casa del bar “Le Chat Noir” .

El dueño de “Le Chat Noir” era un viejo amigo de la familia y la dejaba bailar sin consumir nada. A las 7 de la tarde todos los días del año un pequeño altavoz emitía las notas bailarinas de tangos, bachatas, salsas y otros ritmos típicos del continente americano en el coqueto salón del local. Marlene como alma enloquecida pasaba las horas sola moviéndose al compás de la música. Rodeada de parejas de jubilados artríticos, la mujer destacaba con su danza privada y se deslizaba entre ellos inventando pasos e imitando aquellos de las actrices y bailarinas que había visto en las salas de cine. Las horas pasaban veloces cuando bailaba y hacía volar los volantes de su vestido negro. Mirarla inspiraba una mezcla de admiración y miedo que poca gente era capaz de soportar haciendo que todo el mundo terminara por apartar la vista de aquel ritual casi mágico.

Cuando las últimas notas doraban el aire, ya con la Luna sobre los tejados, Marlene cerraba los ojos e imaginaba día tras día los aplausos de un público apasionado y fiel que le lanzaba indistintamente piropos y rosas hasta el escenario de locura desde el que ella vivía su vida de estrella. Y es que Marlene tenía nombre de estrella de cine.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Poema de segundas despedidas

Y otra vez
volverse a partir,
volver a llorar,
volver a reír.

Y otra vez
extrañar lo de siempre,
lanzarse al vacío
seguir la corriente
avanzar por el río

Cerrar las maletas
llenar otro armario y
retener los momentos
que nos trajo el verano.

Vivir al compás
de tus propios acordes
Sin mirar hacia atrás
sin complicaciones.

Darse a la fuga,
cerrarse en canal.
Para un viaje largo
es mejor no parar.

Es irse con pena
y al llegar alegría.
Da miedo perderse
al caminar de día.

Cambios y suplencias
 disfrazados de madurez
que galantes te camelan
sin dejarte responder.

La duda, la eterna duda
la aventura y la emoción
la novedad y la angustia
al componer otra canción.

Cósete el corazón
que no se salga nada
confiando en la razón
hasta en la madrugada.

Cojo mi todo,
dejo mi parte,
arranca el motor
nos vemos en Madrid.


viernes, 26 de agosto de 2011

La chispa


Caminaba por las calles siempre con las manos abiertas. Ella buscaba ese roce suave y a la vez áspero que fuera capaz de encender la chispa. Acariciaba muros de ladrillo y cemento que solían herirle las manos hasta hacerlas sangrar, pero también chocaba con troncos de árbol tan antiguos que con un suave roce podían ilustrar siglos de historia. Abrigos de pieles o prácticamente deshechos, coches brillantes, barandillas, puertas, ventanales enormes y diminutos… ella sentía a través de las yemas de sus dedos hasta el mas mínimo pensamiento que cruzaba el aire.
Decir que nunca había amado era algo exagerado, ya que ciertas noches de luna llena había rozado la enorme esfera blanca logrando un leve chisporroteo que daba lugar a algunas estrellitas desconocidas para los astrónomos. También el roce con unas cuantas páginas era capaz de hacerla estremecer y de cortarle la respiración… A pesar de sus esfuerzos le costó años de búsqueda encontrar esa mano que con solo acercarse hacía que saltaran chispas. Lo que sucedió, sin embargo, fue aquello que ella ya sospechaba:
El día que encontró la chispa ardió entre las llamas hasta desaparecer.

sábado, 2 de julio de 2011

Volar

Lo más difícil no fue aprender a volar sino darse cuenta de que no podría sobrevivir para siempre en el aire. Tras un duro aterrizaje sobre un sauce llorón quedo gravemente herida en una de sus alas.Entre ramas, troncos y un sin fin de hojas secas quedó completamente perdida y desorientada obligada a vagar por los bosques de la tierra sin rumbo. Sólo le consolaba saber que una pequeña parte de su ser seguía en el aire, haciendo volteretas entre las nubes y vigilando desde arriba que no callera desde ningún precipicio.

viernes, 1 de julio de 2011

sus labios
los míos
mis brazos
vacíos

mi abraza
me dice
que no es todo mio
no  se…

suspiro
lo abrazo
le entiendo
charlamos

sería curioso
sería hasta extraño
me sorprendería
y quiero probarlo