viernes, 18 de mayo de 2012

yoestudieenlapublica


Es triste que sean necesarios estos vídeos, pero, efectivamente, está en juego "el futuro de un pueblo".

jueves, 17 de mayo de 2012

Perder(se)

-¿Quién dice que los amores más largos son los mejores?- se decía en voz baja a si misma.
Totalmente absorta trataba de convencerse mientras arrastraba su enorme maleta por el aeropuerto. Una maleta demasiado pesada. Una maleta llena de recuerdos y de despedidas, una tras otra siempre ahogadas en lágrimas y vacío. Demasiados motivos para girarse, girarse, ver su sonrisa y perder(se) un avión.


martes, 8 de mayo de 2012

Ojalá supiera


Ojalá supiera cantar. Te susurraría al oído que me duermo y te sueño, que te quiero, que quererte es acordarme, que quererte no es bastante. Cantaría al ritmo de las olas, al ritmo de las gotas resbalando por tu piel, al son de tus dedos por mi espalda. Te cantaría las ganas que tengo de ti con la suavidad y sensualidad del jazz y gritaría al viento todo eso que me quema por dentro como en un concierto de rock. Sería una cantautora con una guitarra siempre en la mano dispuesta para despertarte las cosquillas y enamorarte. Menos mal que estás tú.
Ojalá supiera pintar. Así podría rasgar sobre un lienzo esa mirada tuya que hace que el corazón me dé un vuelco. Acariciaría tus labios con un suave pincel empapado en tinta roja y dibujaría esas lágrimas transparentes que nos inundan con cada Adiós. Haría un esbozo de todos esos besos que le di al aire que viajaba al norte y con un carboncillo marcaría el camino de vuelta al momento más tierno y jabonoso que pasamos. Menos mal que estás tú.
Ojalá estuvieras aquí. 

viernes, 13 de abril de 2012

Querer

Querer, querer mucho y no poder parar de querer. Querer como para echar de menos y sufrir y aun así, no parar de querer, no querer dejar de querer. Sí, te echo de menos y sí, te quiero.

domingo, 4 de marzo de 2012

TurliTava: el teatro que se ve y se vive

Parece lógico pensar que en una revista poppolítica como esta, la sección Pop recoja  todas aquellas piezas culturales destinados al disfrute del grueso de la población y con ellas casi a cualquier tipo de arte. Sin embargo, con este artículo pretendo homenajear a aquellas personas todavía capaces de crear expresiones artísticas cuyo valor recae fundamentalmente en el hecho de no ser consideradas Pop. Hablo de esas obras, nunca productos, que son capaces de permanecer originales a pesar de ser repetidas y que mantienen su esencia y su espíritu gracias a la reinterpretación y el enfoque particular de cada mente.

En el número 35 de la Calle Tres Peces, a unos minutos del metro de Lavapiés, en ese pequeño local antes ocupado por un simple comercio, podemos encontrar, desde septiembre de este año, una de esas obras maestras llenas de magia, eso que históricamente se conoce como ARTE. A menos de dos metros de ella el espectador, ya como un paisano más del pueblo, puede sentir lo que ella siente y observar perfectamente la tristeza que recogen sus lágrimas... Leer más.

El contenido completo de este artículo ya en la nueva revista de política y cultura: www.poppol.es

martes, 31 de enero de 2012

Entonces sucede, justo lo que menos esperabas. Pensaba que sólo en el cine la vida podía dar una vuelta de campana y cambiarlo todo.  Y te da miedo; la improvisación siempre fue un reto: actuar sin papel, ser el protagonista de tu propia historia…

Era una cuenta atrás, un viaje a contra reloj, una historia con el final escrito. Una caricia por la suavidad de sus curvas. Un abrazo que dice “no quiero irme” y otro que responde “no quiero que te vayas”. Un mundo inexplorado que se abre paso por un nuevo camino, camino sorprendente por la falta de sorpresa; un paisaje extraño visto con naturalidad y pasión.

Una roce de manos que nadie parece ver, una duda, una sospecha y una confesión recibida con incredulidad y cariño. Cobardía, ganas de todo y miedo a la nada. Sabor a cerveza y tabaco que rompen barreras, abren puertas y levantan faldas. Humo de beso que ciega la memoria dejando sólo los esbozos de una noche cualquiera que terminó con un amanecer en el Sur. Las sábanas, un escondite capaz de ocultar a uno de sí mismo, parecen insuficientes, parece que no abarquen la genialidad del momento, la perfección de algo especial por su naturaleza imperfecta. Un tacto acelerado, ansioso, con prisa por la vertiginosa velocidad del tiempo. Ese cruel enemigo que no espera por nadie ni entiende de destinos; casualidades, suerte o simplemente magia. Y aún así sucede, el tiempo parece avanzar a trompicones, se acelera y frena de golpe haciendo que recuerdes ese preciso instante. Y no lo entiendes; no te entiendes. No sigue normas ni lógicas, pero pasa, y hay lágrimas al final. Los finales no son felices, son finales y punto. Y esa última mirada, ese último beso, ese último abrazo que dice “no te vayas” y otro que responde “no quiero irme”.

Sólo unos pocos días pero más intensos que una vida entera dando vueltas. Y sin embargo, parece que nada haya cambiado, cuando en realidad todo es diferente. La cama está hecha, el pijama doblado, ha dejado de oler a tabaco, pero cuando oigo que llega el tren con destino a Parla se me hace un nudo en el estómago. Sólo una perla recordará que no fue un sueño, que aquel tacto fue real, que aquellas noches fueron infinitas y que aquellas miradas se cruzaron una noche en un bar de Huertas.